15 de abril de 2015

EL COMBATE ESPIRITUAL HOY (VII)



EL COMBATE ESPIRITUAL HOY (VII)


Lo esencial del combate espiritual es obedecer a Dios, consecuentemente, lo que intenta el adversario es arrastrarnos a la rebeldía

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EL COMBATE ESPIRITUAL HOY (I):

EL COMBATE ESPIRITUAL HOY (II):

EL COMBATE ESPIRITUAL HOY (III):

EL COMBATE ESPIRITUAL HOY (IV):

EL COMBATE ESPIRITUAL HOY (V):

EL COMBATE ESPIRITUAL HOY (VI):

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Capítulo I: Y ENCIMA, DELIRANDO DE ORGULLO
Capítulo II: LO MAS GRAVE ES QUE NO NOS INTERESA
Capítulo III: OJO CON CONCRETAR CAPRICHOS
Capítulo IV: AJUSTAR EL RUMBO
Capítulo V: LA PEREZA NOS DEJA EXPUESTOS A LOS ENEMIGOS
Capítulo VI: AUNQUE NO CREAN, LAS COSAS SUCEDEN Y LAS ALMAS SE PIERDEN
Capítulo VII: SI ES REBELDÍA, NOS DEJA SIN DIOS, NO IMPORTA LO QUE PAREZCA

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Capítulo I: Y ENCIMA, DELIRANDO DE ORGULLO


 De cualquier manera quiere obtener el adversario satisfacción para su ambición, deseo, busca la forma de concretar su voluntad.

 Nos persigue, quiere seducir, busca imponer por la fuerza, etc., pero no cesa en su intento de hacer lo que quiere, de obtener lo que pretende.

 Ofrece cosas, a veces impone, pero es constante, insistente, no desiste en su perversa intención de obtener lo que desea.

 Es sumamente caprichoso, es maldito y despiadado, por ello es que de una manera u otra trata de conseguir lo que desea.

 Es su obsesión, su desesperación, es enfermizo, delirante, y se vuelve sumamente pesado e insoportable.

 Lo que quiere es que le prestemos atención a él y o a Dios, que dejemos de mirar y de obedecer a Dios para prestarle atención a él.

 Finge que se interesa o preocupa por nosotros, pero no le interesa nada en realidad fuera de satisfacer su ego y conformar su orgullo.

 Pude mentir, engañar, crear una falsa apreciación de la realidad, pero la verdad continúa siendo la misma, no hace mas que satisfacer su ego, conformar su orgullo, saciar sus vicios y concretar sus ambiciones.

 Si no tenemos ni idea para que nos encontramos de paso sobre la faz de la tierra, y si no nos interesa tampoco encaminarnos, vamos a vernos enredados en sus engaños, vamos a caer en sus trampas y terminaremos dejando que nos arrastre a las tinieblas, y por estas, al abismo eterno.

 Sabe el adversario lo que quiere y como obtenerlo, además es mas pesado que una mosca, es insoportable, no va a desistir, mientras que nosotros somos unos tontos ególatras viciosos que deliran de orgullo.

 Esto determina que nos encaminemos irremediablemente a la perdición eterna, estamos caminando al abismo, y encima, como ovejas al matadero vamos, ciegos, evadidos de la realidad, absortos en la fantasía, delirando de orgullo y emperrados en satisfacer vicios.


Capítulo II: LO MAS GRAVE ES QUE NO NOS INTERESA


 El problema en esencia continúa siendo el mismo, no obedecemos a Dios ni tenemos mucho interés en hacerlo, al contrario, deseamos continuar por los malos caminos que hemos elegido.

 De esta manera es que seguimos entregándonos a satanás y sus demonios para ser arrastrados a tinieblas, para vernos perdidos en abismos de inmundicias revolcándonos en inmundos chiqueros con y como demonios.

 No pensamos en otra cosa mas que en satisfacer el ego, conformar el orgullo, saciar vicios y concretar ambiciones, cosa que termina por provocar que quedemos en garras del adversario y pueda arrastrarnos al infierno definitivamente.

 Queremos lo que el adversario quiere, queremos olvidarnos de Dios, renegar de Él, de Su Voluntad, prescindir del Don de Su Amor, preferimos enterrarnos en el abismo, por ello es que satanás consigue lo que desea, tenemos intereses a fines que nos colocan a su merced, y peor aun, a su disposición.

 Terminamos colaborando con el que quiere arruinarnos, acabamos por exponernos y entregarnos al que desea arrastrarnos al abismo y postrarnos y perdernos para siempre en la perdición eterna.

 Habiendo corrupción, inmundicia, degradación, deseo de perderse, Dios no puede estar, no puede permanecer en el alma, al contrario, estamos invitando al adversario, estamos haciéndole lugar a satanás y permitiéndole que reine y permanezca.

 Así es como corremos a la perdición eterna, ajenos a la realidad, negándonos a ver la lo que es grave, lo que imperiosamente debemos solucionar.

 Nos vamos de cabeza al abismo por ególatras, viciosos, corruptos, viciosos, porque andamos perdidos en una presunción de perfección delirante de orgullo mientras que renegamos de Dios obsesiva y caprichosamente.

 No puede El Señor rescatarnos de este delirio vicioso-orgulloso-caprichoso-perverso, vamos camino a la perdición, y lo mas grave es que no nos interesa y hasta lo negamos obsesiva y tercamente.


Capítulo III: OJO CON CONCRETAR CAPRICHOS


 Nos obsesionamos por ganarle a Dios, por renegar de Él, oponernos, prescindir e imponernos.

 Queremos creernos dueños de nuestra vida y por ello con cualquier capricho nos alzamos desesperadamente buscando satisfacción, saciedad, conformidad, queriéndolo concretar.

 Concretar un capricho es concretar un deseo rebelde.

 El deseo rebelde es inspirado por satanás y al concretarlo estamos fundiéndonos con él, nos entregamos, pasamos a pertenecerle, el cerdo infernal adquiere derecho sobre nosotros.

 Previamente tenía poder, capacidad de disposición, nos trataba como cosa suya, pero al emperrarnos, empecinarnos y dedicarnos terca, caprichosa y despiadadamente a concretar ese capricho, no hicimos otra cosa mas que seguirlo y colaborar con él para quedar consagrados y fundidos.

 Al concretar el capricho quedamos fundidos, unidos, ligados, sellamos la rebeldía contra Dios, nos sometimos a las tinieblas y entregamos al abismo, nos hemos convertido en rebeldes ególatra narcisistas infernales.

 Así es como hemos quedado perdidos y encaminados a la perdición eterna, de esta manera es como pasamos a ser unos delirantes de orgullo evadidos de la realidad.

 Queremos creer que somos dueños de nuestra vida y que vamos a poder hacer lo que queremos, pero hemos creído al mentiroso, a satanás, nos hemos dejado engañar, le entregamos la vida a un estafador, un chanta.

 El cerdo infernal es que ha pasado a ser verdadero dueño y hemos quedado sellados, apartados totalmente de Dios convirtiéndonos en renegados, rebeldes, cerdos ególatras orgullosos infernales.

 Esto significa que salimos de Dios, de la esfera de su influencia para colocarnos totalmente en tinieblas, para convertirnos en esclavos del adversario, cosa de su pertenencia.

 Concretar un capricho parece una victoria, pero es una real derrota que nos vuelve esclavos de satanás.


Capítulo IV: AJUSTAR EL RUMBO


 Siempre ofrece el adversario su veneno como si de salvación se tratase, lo ofrece como si fuese a hacernos un favor, dice que por y para nuestro bien.

 La realidad es absolutamente al revés, es para imponernos rebeldía contra la Voluntad de Dios, para sumergirnos en el abismo de tinieblas imponernos la esclavitud de la inmunda egolatría narcisista infernal.

 Quiere volvernos torpes tontos viciosos para que seamos esclavos dedicándonos a alimentar los vicios mismos que están devorándonos como gusanos, que nos carcomen el alma, nos corrompen, destrozan y transforman en similares a él.

 La verdad es que puede querer y pretender muchas cosas, también puede intentar demasiadas cosas, por solo va a conseguir aquello que le permitamos, de nosotros depende rechazarlo, resistir la tentación, repudiarlo.

 De nosotros depende volver a Dios, ignorar al adversario, no prestarle atención, no hacerle caso, no dejarnos seducir.

 Si no nos dedicamos a buscar a Dios, a seguir al Señor, a obedecerlo, vamos a ser presas fáciles para satanás y sus demonios, con cualquier cosa van a poder desviarnos, entretenernos, meternos en problemas, hundirnos en tinieblas, arrastrarnos al abismo.

 La cuestión es esta, primero y esencialmente debemos obedecer a Dios, tenemos que empeñarnos en discernir Su Voluntad y obedecerlo-seguirlo, ahí es donde vamos concretando una unión con Él y donde el adversario no va a poder desviarnos.

 Lo va a intentar, pero va a fracasar porque nosotros queremos obedecer a Dios y porque Dios mismo nos sostiene, defiende, protege, previene y ayuda a vencer tentaciones.

 Si no nos interesa obedecer a Dios, buscarlo, elegirlo, no puede hacer nada a favor nuestro, no puede intervenir, asistirnos, auxiliarnos, socorrernos, defendernos. Esto es porque no nos interesa y porque encima queremos lo que el adversario quiere.

 Es absolutamente necesario discernir la Voluntad de Dios y obedecerlo puntualmente ajustando el rumbo diaria y constantemente pasando sobre la faz de la tierra, no asentándose, no teniendo objetivo terrenos mas que el de obedecer a Dios y seguir al Señor.


Capítulo V: LA PEREZA NOS DEJA EXPUESTOS A LOS ENEMIGOS


 Si no puede con una cosa, intenta otra, pero es constante, insidioso, pesado, y siempre esta buscando la manera de lograr lo que quiere que es que no obedezcamos a Dios, que no le prestemos atención.

 Si no logra lo que quiere con seducciones, nos persigue, golpea, azota y castiga demostrando lo cerdo caprichoso y obsesivo desesperante que es.

 No quiere darse por vencido, no quiere desistir, lo que tenemos que hacer es vencerlo, derrotarlo y desterrarlo. Hay que cerrarle los accesos.

 Esto requiere que aprendamos a morir a nosotros mismos, que nos olvidemos de nuestro ego, no conformemos el orgullo y no demos satisfacción a vicios. Tenemos que empeñarnos en obedecer a Dios, dedicarnos a seguir al Señor.

 También hay que perseverar en el camino porque el cerdo infernal no se conforma, no acepta perder, no se da por vencido, no reconoce una derrota, por ello es que carga constantemente para intentar conseguir lo que quiere.

 Habiendo sido rechazado vuelve, intenta algo diferente, pero es constante, incesante su acción y siempre por un camino o por otro esta intentando conseguir lo que desea.

 Desea imponer que nos olvidemos de Dios y que nos dediquemos a nosotros mismos.

 Si nos dedicamos a nosotros mismos, si bajamos la mirada, enseguida surgen tinieblas, se produce el olvido de Dios y ahí puede confundirnos, engañarnos y arrastrarnos a la perdición eterna.

 De nosotros depende hacer el esfuerzo para no dejarnos seducir, engañar, arrastrar, llevar, dominar, someter, etc., de nosotros depende hacer el esfuerzo por buscar a Dios y obedecerlo siguiendo al Señor en su Revelación.

 Si no hacemos lo que debemos que es buscar al Señor, colaborar en Su Revelación y seguirlo-obedecerlo, estamos cayendo en pereza espiritual, horrenda indiferencia hacia Él que es lo que nos deja a merced de todos los enemigos que aprovechan para destrozarnos.


Capítulo VI: AUNQUE NO CREAN, LAS COSAS SUCEDEN Y LAS ALMAS SE PIERDEN


 Cuando obedecemos a Dios estamos recibiéndolo, y a la vez, estamos entregándonos, entonces, le pertenecemos y Él nos pertenece.

 Ahí se forma una unión, ahí se forja la unidad y es ahí donde quedamos sellados, fundidos, unidos a Él por el Fuego de su Amor-Espíritu.

 Si renegamos de Dios y prescindimos de Él, nos enterramos y perdemos en el abismo de la propia nada miserable, orgullosa, ególatra, viciosa, corrupta.

 Ahí quedamos doblados, deformados y a merced de todos los enemigos espirituales que aprovechan para destruirnos.

 Los enemigos buscan lo mismo pero a favor de ellos, es decir, quieren unión, por ello es que nos quieren imponer su voluntad.

 En la unión con Dios nos vemos beneficiados porque Dios Es la Vida y la Fuente de la Vida, nos comunica su Vida, nos Resucita, Vivifica.

 Si renegamos de Él hundiéndonos en nosotros y dejándonos arrastrar, seducir, engañar por demonios, elegimos la voluntad de éstos y quedamos unidos, ligados, fundidos con ellos.

 Ahí es donde nos vemos maldecidos y perjudicados porque los demonios son abismos en sí mismos, fingen dar, pero en realidad se apegan a nosotros para succionarnos vida, quitarnos vitalidad y arrastrarnos a la ruina.

 No tienen vida ni dan ni generan nada, solo sacan, succionan, devoran, corrompen, saquean, destruyen al alma.

 Vamos a tener que prestar atención y considerar lo que estamos haciendo, la manera en la que estamos viviendo de paso por el mundo, porque aunque no queramos ver, estas cosas suceden igual y las almas se condenan.

 Esto sucede incluso aunque quieran creer caprichosa y miedosamente que no hay infierno o que Dios es excesiva misericordia, tanto hasta lo errático irracional.

Capítulo VII: SI ES REBELDÍA, NOS DEJA SIN DIOS, NO IMPORTA LO QUE PAREZCA

 El Señor nos conduce por un camino en el que debemos enfrentar el miedo y vencerlo, en el que los demonios se alzan queriéndonos desviar.

 Usan los demonios el miedo, la preocupación por sí, para tender trampas y para provocar que obremos en rebeldía contra Dios, para determinar la voluntad y manipularnos.

 Nos conduce El Señor a que enfrentemos el miedo con Fe, con un verdadera confianza en Él renunciando a nosotros, venciendo a los demonios y sus tentaciones, distracciones, amenazas, insinuaciones, castigos, etc.

 Nos a la oportunidad de negarnos a nosotros mismos, de confiar en Él verdaderamente y de caminar siguiéndolo y venciendo a los enemigos espirituales que quieren imponernos que nos hundamos en nosotros o desviemos dedicándonos a vicios o a cosas aparentemente buenas, pero inútiles.

 Tenemos que discernir lo que hacemos y lo que vamos a hacer, porque en esencia es siempre lo mismo, el adversario nos presenta como oportunidad lo que en realidad es una trampa en la que va a lograr imponer el olvido y la negación de Dios.

 Nos presenta como bueno lo que en realidad es la anulación de la fe.

 No nos ofrece algo malo, sino algo aparentemente bueno o insignificante o bueno realmente, pero que no es lo que Dios quiere.

 Ahí es donde consigue que seamos rebeldes, que prescindamos de Dios y hasta obtiene engañarnos porque decimos y creemos hacer algo bueno defendiendo orgullosa y fanáticamente eso sin ver que en esencia es rebeldía contra la Voluntad de Dios.

 No importa lo que parezca ni lo que sea, lo esencial, lo determinante es si se trata de obediencia o rebeldía, recordar que el pecado original es rebeldía, fue desobediencia, y también el vicio de satanás fue la rebeldía orgullosa, caprichosa, obtusa, ambiciosa.

 Por mas que digamos que algo es bueno, útil, necesario, urgente, imperioso, si Dios pide confianza, paciencia, perseverancia, tenemos que aprender a esperar y obedecer confiando verdaderamente en Él, negándonos a nosotros mismos y venciendo a los enemigos espirituales que nos ofrecen la rebeldía contra Dios como si fuese conveniente, necesaria, urgente, etc.

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