9 de marzo de 2015

LA PRESIDENTE NO QUIERE VER LA REALIDAD



LA PRESIDENTE NO QUIERE VER LA REALIDAD


 Por una vez al menos, nos convendría ser derrotados, humillados, vencidos, somos humanos, nos toca perder, no somos dioses.

Ahí es donde muchos se equivocan construyendo un delirio, se creen dioses y no quieren aceptar que son humanos, falibles, que a todos nos toca padecer derrotas, humillaciones y desprecios.

 Esto es lo que le ha pasado a nuestra presidente, no ha querido aceptar que no es amada, que es odiada y despreciada, aborrecida y que no la quiere nadie ya.

 Se niega aceptar la realidad, por ello construye la fantasía de que es adorada pagando a otros para que la sigan y escuchen, para que le griten alabanza mentirosas.

 No hay nada mas asqueroso y repugnante que esto, esta desesperada por convencerse a ella misma de que no es odiada.

 Esto se debe a que fue despreciad desde el principio, su padre la concibió y abandonó, tal vez una relación ocasional de la madre. Desprecios y cosa semejante todos padecemos, la cuestión es perdonar para que eso no envenenan el alma y no la pudra, para que no acabe provocando una perdición-condenación.

 Deliró excitada creyéndose adorada cuando fue reelegida, pero no quiso ver que construyó todo sobre mentiras, se creyó diosa, reina, adorada y no hizo nada bueno para merecer alabanza o reconocimiento alguno.

 Ahora su delirio se desmorona como ocurre siempre, como le ocurre a todo el mundo, todos padecemos un tropiezo que nos devuelve a la realidad, y ahí es donde podemos aceptar la verdad, corregirnos y elegir el buen camino, o es donde terminamos de confirmar que preferimos la mentira y permanecer evadidos en la fantasía.

 La presidente ha elegido seguir construyendo y sosteniendo la mentira, prefirió permanecer alejada de la realidad, por ello es que se pudre en vida, se pierde, se condena entregándose a mil demonios, enfureciéndose mientras que trata de no ver lo que es mas que evidente.

 Sigue esforzándose por mentirse-convencerse de que es una diosa, una reina, que es adorada, por eso con enfermiza e infernal lástima, pena y compasión pusilánime adora a quienes les para que la adoren y le digan mentiras, le prodiguen aplausos y alabanzas.

 Si continuamos defendiendo el orgullo vamos a seguir eligiendo la muerte eterna porque el orgullo es la misma muerte, es la negación de Dios, la rebeldía contra Su Voluntad, el olvido de Él, un reniego infernal.

 Considerar simplemente como terminó su Vida El Señor, el mismo Hijo Único de Dios, un fracaso total si lo miramos humanamente, una derrota, acabó odiado, traicionado perseguido y crucificado.

 Comprender que al padecer la derrota en el mundo alcanzó la Victoria en el Espíritu derrotando a todos los enemigos espirituales y juzgando la creación entera.

 Comprender que no vivimos hasta que morimos, hasta que morimos a esa vida de muerte que es el orgullo, que es la egolatría narcisista infernal.

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