12 de marzo de 2015

EL COMBATE ESPIRITUAL HOY (VI)



EL COMBATE ESPIRITUAL HOY (VI)


EL COMBATE ESPIRITUAL HOY (I):

EL COMBATE ESPIRITUAL HOY (II):

EL COMBATE ESPIRITUAL HOY (III):

EL COMBATE ESPIRITUAL HOY (IV):

EL COMBATE ESPIRITUAL HOY (V):

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Capítulo I: SOBREABUNDAN EXCENTRICIDADES HIPÓCRITAS EN EL CULTO

Capítulo II: NO ESTA ADENTRO, ESTA ARRIBA

Capítulo III: ENCAMINADOS A LA AUTODESTRUCCIÓN EVADIDOS EN UN DELIRIO ORGULLOSO

Capítulo IV: GENERAMOS EL ABISMO QUE NOS DESTRUYE

Capítulo V: LE NEGAMOS A DIOS LO ÚNICO QUE NOS HA PEDIDO

Capítulo VI: ESTA ES LA CUESTIÓN

Capítulo VII: ESFUERZOS INÚTILES

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Capítulo I: SOBREABUNDAN EXCENTRICIDADES HIPÓCRITAS EN EL CULTO


 La batalla es en el corazón, ahí es donde debemos aceptar a Dios o rechazarlo eligiendo el destino eterno.

 Estamos perdiendo la batalla porque renegamos de Dios, prescindimos de Él, incluso hasta cuando decimos y creemos que lo elegimos.

 Esto es así porque no discernimos su Voluntad, y por lo tanto, no  lo estamos eligiendo verdaderamente, es una elección ficticia, superficial, aparente, nos convertimos en hipócritas ególatras narcisistas infernales.

 Fingimos que elegimos a Dios, pero aun estamos pendientes de nosotros mismos, nos hemos elegido y preferimos continuar alimentando el abismo del ego generando orgullo, perdiéndonos en un delirio infernal de ausencia de Dios y de negación de Él.

 Tenemos que hacer el esfuerzo de elegir verdaderamente a Dios, de buscarlo en realidad, de abandona la egolatría narcisista infernal, de dejar de elegirnos constante y enfermizamente a nosotros mismos.

 Hay que discernir Su Voluntad, aceptarla, obedecerlo, seguirlo de esta manera simple, esencial y verdadera, solo así es como verdaderamente estamos eligiéndolo, cualquier otra cosa es hipocresía, fingimiento, vanidad.

 Sin discernir Su Voluntad y sin obedecerlo, lo que hacemos es construir apariencia de espiritualidad que encubren la miseria ególatra, orgullosa e inútil en la que nos hemos convertido.

 Al no discernir Su Voluntad y no obedecerlo, estamos dejando de lado lo esencial, la verdadera religión, nos convertimos en hipócritas preocupados por las apariencias que permanecen encerrados en sí mismos.

 Fruto de esa hipocresía narcisista ególatra infernal es el dedicarse al mundo, el construir apariencia de religiosidad, espiritualidad o culto, son las vanidades que sobreabundan en estos tiempos, esas excentricidades infernales que apestan en los cultos, religiones y espiritualidades.


Capítulo II: NO ESTA ADENTRO, ESTA ARRIBA


 Estamos perdiendo la batalla, nos están ganando los demonios y demás enemigos espirituales, y esto es porque somos unos cerdos ególatras miserables que se olvidan de Dios y reniegan de Él.

 Solo nos dedicamos a alimentar el ego, conformar el orgullo, y encima, fingimos amar a Dios, elegirlo, servirlo, obedecerlo etc.

 Hay una sola forma de amar a Dios verdaderamente y consiste en salir de sí mismo, renunciar a la propia voluntad para buscar la Voluntad de Dios y obedecerlo.

 No vamos a encontrar a Dios adentro de nosotros, eso es una mentira generalizada, práctica común en esoterismo, satanismo, new age, etc., todos insisten con que se debe buscar a Dios adentro.

 Es una incoherencia cobarde que simula espiritualidad, que se encubre como si fuese espiritualidad.

 No podemos buscar a Dios adentro de nosotros, si estuviese dentro no tendíamos necesidad de buscarlo porque ya lo tendríamos. Si lo buscamos es porque no lo tenemos y porque lo necesitamos, pero si esta adentro lo tenemos, es claramente una incoherencia.

 Para buscar a Dios hay que salir de sí mismo. Salir de sí significa abandonar la propia voluntad, salir del abismo de la egolatría, dejar de querer prevalecer, reinar, imponerse, etc., y esto se hace para buscar la Voluntad de Dios, o sea, para entrar en Él.

 Quienes se desesperan por buscar a Dios dentro de sí, claramente son cobarde ególatra que tratan de convencerse de que tienen todo controlado, sujeto al imperio de su voluntad y están negándose a obedecer.

 Son orgullosos encerrados en sí que quieren creer que dominan a Dios y que lo tienen bajo su poder a merced de sus caprichos y que lo usan para satisfacer su ego.

 La verdad es completamente al revés, hay que salir de sí, renunciar a la propia voluntad, vencer el miedo, abandonar el sepulcro de la egolatría y elevarse para buscar a Dios, para discernir Su Voluntad, y ahí obedecerlo-seguirlo creciendo en espiritualidad-amor, porque maduramos amándolo-obedeciéndolo a Él.


Capítulo III: ENCAMINADOS A LA AUTODESTRUCCIÓN EVADIDOS EN UN DELIRIO ORGULLOSO


 Estamos perdiendo el combate espiritual simplemente porque no lo estamos librando, porque nos dejamos dominar, vencer, aplastar, humillar, controlar, etc., por los enemigos espirituales.

 Nos entregamos a vicios y ambiciones, nos hundimos en el abismo de la egolatría narcisista infernal, renegamos y prescindimos de Dios, nos oponemos a Su Voluntad, y encima, hipócritas, decimos y fingimos amar a Dios, servirlo, seguir al Señor.

 Considerar que El Que Juzga Es Él, no importa lo que creamos de nosotros mismos ni lo que pretendamos hacer creer a otros, importa lo que Él ve, y como Dios Que Es, Ve todo, Él Es La Verdad y Juzga con Verdad.

 La Verdad es que somos unos cerdos ególatras narcisistas infernales, no somos diferentes a demonios, al contrario, demasiado iguales, y hasta peores también.

 Lo peor de todo es que nos creemos las mentiras que nos decimos y que pretendemos hacer creer a otros, ya nos hemos perdido en el delirio orgulloso cayendo víctimas de la propia mentira.

 No miramos mas que las vanidades del mundo, y esto es porque somos vanidosos, ególatras, narcisistas, nos hallamos sumamente preocupados por nosotros mismos, tanto como inútilmente dedicados a hacernos adorar.

 Vamos por muy mal camino y es porque nos hemos olvidado de Dios y con desesperación nos dedicamos a tratar de suplantarlo, reemplazarlo, etc.

 Queremos reemplazarlo en el corazón inventando otros dioses o un dios falso, un anticristo. Queremos suplantarlo en el mundo siéndonos adorar, aceptar, ver, reconocer y convirtiéndonos en anticristos.

 Todo esto es efecto de renegar de Su Voluntad, de prescindir de Él, de no hacer lo esencial, debido, es porque no discernimos lo que Él quiere y nos dedicamos con desesperación infernal a hacer lo que queremos convirtiéndonos en ególatras encaminados a la autodestrucción mientras se arrastran reclamando adoración evadidos en un delirio de orgullo.


Capítulo IV: GENERAMOS EL ABISMO QUE NOS DESTRUYE


 Como no libramos el combate espiritual, lo estamos pediendo los enemigos nos dominan por fuera y someten por dentro, vamos por muy mal camino y hemos acelerado la marcha para hundirnos en la perdición eterna.

 Nos olvidamos de Dios, renegamos de Su Voluntad, prescindimos de Él, somos unos ególatras narcisistas infernales desesperados por satisfacer su ego, por continuar generando orgullo.

 No consideramos que el orgullo es un delirio, que son las mismas tinieblas, lo que se genera negando a Dios, renegando de Él, dedicándose a la egolatría narcisista infernal.

 Ese orgullo son las tinieblas, es amnesia espiritual, una fantasía, evasión, disociación de la realidad, un invento, un sepulcro de ausencia y de negación de Dios.

 Prescindiendo de Dios, renegando de Su Voluntad, apartándonos de Él, nos dedicamos a la egolatría enfermiza y constantemente, débiles infernalmente, y así es como nos perdemos en el abismo-sepulcro del ‘yo’.

 Ahí abajo, en tinieblas, pueden los enemigos espirituales hacernos ver-creer cualquier cosa, y de esta manera, perdemos la noción de la realidad precediendo a apreciar y juzgar erradamente.

 Así es como vamos de mal en peor encaminándonos a una perdición sin remedio, salida o solución.

 No hacemos un esfuerzo real, sincero, puro, verdaderamente santo de buscar a Dios, al contrario, solo nos esforzamos por continuar renegando de Él, prescindiendo del Señor, apartándonos de Su Revelación, oponiéndonos a Su Voluntad.

 Lo por es el autoengaño, el querer convencerse de que vamos por buen camino, cos que aprovechan los demonios para confundirnos y confirmarnos en el mal camino, para que sigamos olvidándonos de Dios y dedicándonos a la egolatría narcisista infernal.

 Pueden avanzar los enemigos por dentro y por fuera simplemente porque nos falta lo esencial, nos falta discernir la Voluntad de Dios  obedecerlo verdaderamente. En la obediencia a Su Voluntad es donde lo amamos y donde vencemos a todos los enemigos.

 Generamos el vacío-abismo-ausencia de Dios en el que los enemigos pueden hacer de nosotros lo que se les antoje, nos hundimos en esa ausencia de Dios que provocamos convirtiéndonos en ególatras narcisistas pusilánimes desamorados y viciosos que se encaminan a su autodestrucción.


Capítulo V: LE NEGAMOS A DIOS LO ÚNICO QUE NOS HA PEDIDO


 Por mas que nos desesperemos haciendo cosas externamente, incluso hasta fingiendo que realizamos cosas interiormente, continúa faltándonos lo esencial, razón por la que nos hallamos completamente vacíos, sin Dios.

 Al estar vacíos, sin Dios, pueden los demonios invadirnos, porque el corazón es como una casa vacía, abandonada que es ocupada por delincuentes, bichos y bestias.

 Nos llenamos de furia, odio, rencores, vicios, inmundicias, maldades, perversiones, corrupciones, abominaciones, etc.

 Lo peor es que decimos disfrutar tales cosa porque nos aportan algún deleite momentáneo, no considerando que por ello estamos pudriéndonos en vida. Somos como un buque en medio del mar agujereado al que le entra agua por todos lados, y encima, ayudamos a que se inunde mas, una demencia total.

 Nos falta lo esencial, la unión con Dios, el enlace con Él, un nexo, ligadura, por ello todo cuanto hacemos es banal, superficial, inútil y hasta contraproducente.

 Lo esencial es discernir Su Voluntad, elegirlo, obedecerlo-seguirlo renunciando a la propia voluntad. Ésta es la piedra fundamental, piedra angular, el cimiento, lo absolutamente necesario para comenzar y para ir por buen camino para acabar llegando al destino.

 Nos falta la columna vertebral que es ese verdadero amor a Dios, el santo sacrifico espiritual ofrecido en el interior, en lo secreto, donde solo Dios ve, el propio corazón.

 Este santo sacrificio consiste en la negación de sí, la renuncia a la propia voluntad, y se hace para obedecer a Dios, para buscar Su Voluntad, discernirla, para elegirla y para colaborar en Que Se Haga-Reine-Triunfe tanto en nuestra vida como en el mundo.

 Al faltar este santo y puro sacrificio interior, totalmente espiritual, todo lo demás es inútil, hipocresía, apariencias, fingimiento, vanidad, excentricidad, banalidad, etc., y acaba por convertirse en un sepulcro que nos impide ver a Dios, y lo peor es que nos sentimos orgullosos de eso no queriendo ver lo esencial, negándole a Dios lo único que nos ha pedido, adorarlo en Espíritu y Verdad.

Capítulo VI: ESTA ES LA CUESTIÓN

 Como no hacemos lo esencial, primero, fundamental, continuamos vagando en tinieblas y somos fáciles de engañar, confundir y manipular para el adversario.

 No buscamos la Verdad, no discernimos la Voluntad de Dios, no colaboramos en su Revelación, sometiéndonos por ello a tinieblas, exponiéndonos a las manipulaciones infernales, entregándonos a la perdición eterna.

 Hundidos-encerrados en nosotros mismos permanecemos en tinieblas, olvidados de Dios sin escucharlo y sin prestarle atención. Ahí tenemos miedo, nos preocupamos y nos dedicamos a la egolatría narcisista infernal convirtiéndonos en débiles cobardes pusilánimes fáciles de engañar y confundir para el adversario.

 Le resulta sumamente fácil asustarnos, engañarnos, hacernos creer cualquier cosa, simplemente porque tenemos miedo y nos preocupamos por nosotros mismos. A la vez somos débiles al carecer de la Vida-Presencia de Dios, lo que motiva que nos dejemos influenciar y manipular.

 Así es como vamos por mal camino y cada día elegimos caminos peores para terminar consagrados a la autodestrucción mientras que permanecemos evadidos y ciegos negando tal realidad por delirar de orgullo y repetir como estúpidos que somos perfectos, dioses o que nos salvamos a nosotros mismos o a otros.

 No tenemos la Verdad en nosotros, Dios Es La Verdad y debemos buscarla, debemos colaborar en Su Venida-Revelación para tener Verdad, Su Presencia Viva en la casa-vida-corazón.

 Al no permitirle Que Se Revele, nos sometemos a tinieblas y quedamos expuestos a manipulaciones infernales, no puede El Señor defendernos de engaños, mentiras, etc., del enemigo porque no esta y no lo dejamos venir, porque no lo escuchamos ni le prestamos atención.

 Simplemente prescindimos de Dios, renegamos de Él, orgullosamente vivimos o pasamos sobre la faz de la tierra como si no lo necesitásemos, completamente dedicados-consagrados-entregados a tratar de satisfacer el ego-abismo.

 Esta es la cuestión, no queremos amar a Dios verdaderamente, somos ególatras narcisistas infernales que fingen espiritualidad, religiosidad, piedad, culto, pero que se niegan a amar a Dios verdaderamente mientras que se esfuerzan por aparentar que sí lo hacen.

 Mientras no hagamos lo esencial, continuaremos en las ambigüedades, expuestos a un limbo abominable con el consecuente peligro de dejar en libertad a los demonios que van a aprovechar para perdernos.

 Verdaderamente este es el tiempo de elegir, de definirse, de recordar lo que dijo El Señor: “Con Migo o contra Mí”, y elegirlo es discernir Su Voluntad renunciando a la propia y colaborar en Que Se Haga-Reine-Triunfe.


Capítulo VII: ESFUERZOS INÚTILES


 Nos elegimos a nosotros mismos, elegimos satisfacer el ego, conformar vicios, saciar ambiciones, y por ello es que estamos renegando de Dios aun cuando decimos y hasta creemos servirlo, seguirlo, elegirlo.

 Nos engañamos porque no queremos ver esta simple realidad, pero eso es lo esencial, nos falta lo fundamental, discernir la Voluntad de Dios y obedecerlo.

 Al elegirnos no nos estamos eligiendo en verdad, sino que estamos eligiendo a satanás, renegamos de Dios, prescindimos de Él, porque el adversario nos ofrece miles de alternativas que parecen elegirse a sí o en beneficio propio con tal de que no elijamos a Dios en verdad.

 De nosotros depende renunciar a sí, a la propia voluntad, al abismo del ego, y comenzar a buscar-discernir la Voluntad de Dios para poder obedecerlo verdaderamente.

 Mientras no hagamos lo que debemos, no vamos a estar haciendo otra cosa mas que autodestruirnos, colaborar con el enemigo, entregarle la propia vida ahora para pertenecerle para siempre después.

 Tenemos que dejar de mentirnos, buscar la Verdad, la Revelación de Dios, de lo contrario terminaremos perdiéndonos. Es hora de madurar, de entrar en realidad, de hacerse adulto, de asumir la responsabilidad.

 Esto significa que hay que dejar de practicar la egolatría narcisista infernal, dejar de querer hacerse adorar, servir, obedecer y comenzar a adorar, servir, obedecer y seguir a Dios verdaderamente.

 Hay que vencer el engaño, dejar de mentirse, considerar que por comodidad, miedo y vicio nos estamos encaminando a la perdición eterna y de ahí no volveremos si es lo que elegimos constante y diariamente con hipocresía mientras que fingimos amar a Dios.

 Solo generamos orgullo, nos dedicamos a la egolatría, y por eso es que estamos admitiendo a satanás en la propia vida-casa-corazón, el orgullo es mentira, es falsedad, un delirio y es el espíritu del adversario, todo lo contrario de Dios.

 Debemos buscar la Vedad, discernir la Voluntad de Dios y comenzar a obedecerlo-seguirlo negándonos a nosotros mismos, venciendo la propia voluntad que es manipulada por el adversario o que directamente es suya que hicimos propia.

 Si no hacemos el esfuerzo de elegir a Dios en verdad vamos a continuar esforzándonos por autodestruirnos sin remedio, salida o solución. Considerar que estamos haciendo esfuerzos inútiles, sacrificios para corrompernos, estropearnos y perdernos.

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