8 de marzo de 2015

EL COMBATE ESPIRITUAL HOY (V)



EL COMBATE ESPIRITUAL HOY (V)



EL COMBATE ESPIRITUAL HOY (I):

EL COMBATE ESPIRITUAL HOY (II):

EL COMBATE ESPIRITUAL HOY (III):

EL COMBATE ESPIRITUAL HOY (IV):



Capítulo I: QUIERE CREER QUE ES LIBRE, Y TAMBIÉN, HACÉRNOSLO CREER

 ‘¿¡Por qué me la sacaste?!’, dice furioso el adversario cuando ayudamos al Señor a recuperar almas.

 El maldito cerdo infernal se cree dueño de las  almas que secuestra, toma, controla, domina, somete, esclaviza, dice que se las ha ganado y que son suyas y que puede hacer con y de ellas lo que se le antoje.

 Por supuesto que a Dios no lo desafía ni lo cuestiona, se la agarra con nosotros, a Dios le teme. No le teme como le tememos nosotros que lo amamos, le teme porque le tiene miedo.

 El temor de quienes aman a Dios es el temor de importunar, molestar, dañar a quien se ama, en cambio, el temor del adversario es el de que sabe que obra mal y no quiere perder lo que consigue fraudulentamente.

 Contra Dios no va, o al menos directamente, mas bien lo ataca en nosotros, al perseguirnos, hacernos padecer, castigarnos. Imponernos tormentos, padecimientos, etc.

 Es un cerdo desesperado por satisfacer su ego, perdido en el infernal deseo de satisfacerse, saciarse, conformarse, no le importa ni le interesa nada ni nadie, solo eso.

 En su desesperación por satisfacerse no considera que es esclavo de su mismo abismal ego, ni siquiera es dueño de si como cree, esta condenado a tratar se satisfacerse aun sabiendo que no lo obtendrá nunca, es un verdadero infeliz.

 Se engaña a él mismo no queriendo ver ni comprender la realidad porque no admite, ni reconocerá, que es esclavo de su ambición, deseo, necesidad, del abismo en el que se a convertido al renegar de Dios volviéndose ególatra.

 Tampoco es libre como quiere creer y hacernos creer que es porque solo puede moverse, obrar, intervenir, dentro de lo que Dios le permite. Considerar que para todo cuanto haga tiene que pedir permiso.

 Dios le concede permiso para hacer de acuerdo a la maldad de la humanidad y lo que ésta misma elija, y a la vez, lo que merezca padecer.


Capítulo II: PIERDE MAS DE LO QUE CREÍA GANAR

 Estamos en el mundo para elegir a Dios, para aprender a amar, y de esta manera, crecer, evolucionar, madurar.

 Como no hacemos esto, terminamos siempre eligiéndonos a nosotros mismos, que no es otra cosa mas que elegir a satanás, las tinieblas, la muerte terna, la perdición, la condenación.

 El Señor trabaja para salvarnos, pero hay que colaborar, y colaboramos renunciando a nosotros mismos, negándonos, muriendo místicamente, abandonando la propia voluntad para buscar la Voluntad de Dios y colaborar en Que Se Haga-Reine-Triunfe.

 Si vamos por este camino, también estamos colaborando en la salvación de otros, nuestros padecimientos, sufrimientos, los castigos que el adversario y los suyos nos imponen, sirven para rescatar almas.

 Nos odia, aborrece, castiga y hace padecer porque al sacrificarnos por amor a Dios y sin mas gusto que el de hacer lo que es debido, rescatamos almas del abismo las sacamos de su órbita de influencia.

 La vida así es un combate espiritual, es algo duro, pesado e insoportable, no es un paseo, no es distracción, pero así conviene que sea, y en este sentido no debemos dejarnos apartar.

 Nos ataca y atacará con furia el adversario, tanto por él mismo, como por medio de quienes controla, pero de nosotros debemos aprender a perseverar en el camino, negarnos, ofrecer todo a Dios y convertir los golpes en fuentes de salvación.

 Los asaltos de la astucia y perversidad diabólica debemos capitalizarlos, usarlos para negarnos a nosotros mismos y para ofrecer un santo sacrificio de aceptación de la Voluntad de Dios.

 Ahí, cuando padecemos injustamente por amor a Dios, o solo por obediencia, logramos rescatar almas y el enemigo pierde mas de lo que esperaba ganar al atacarnos, castigarnos, hacernos padecer.


Capítulo III: SE ENGANCHA PARA QUITARNOS VIDA

 Se engancha, liga, adhiere, sujeta, engrampa, aferra, etc., el adversario al alma. Esto lo hace donde hay una rebeldía, encapricho, un aspecto en el que nos encontramos en oposición a la Voluntad de Dios.

 Si se engancha, liga, sujeta, adhiere, etc., es para succionarnos vida, quitarnos vitalidad, para consumirnos vivos y a la vez, transformarnos en similares a él, transubstanciarnos, deformarnos, reducirnos a ruinas.

 Puede obrar de esta manera porque la rebeldía contra la Voluntad de Dios es el espíritu mismo de satanás, de manera que al elegir ser rebeldes, desobediente, estamos eligiéndolo, aceptándolo, recibiéndolo en la propia vida-casa-corazón.

 Para ser libres debemos renunciar a esa rebeldía, buscar la Voluntad de Dios, discernirla, negarnos a nosotros mismos, porque ahí es donde no puede ya permanecer sujeto, adherido, ligado, ya no esta su espíritu en nosotros ni lo consideramos parte.

 Comprender que a esto se va a oponer, va a incitar que nos rebelemos aun mas contra la voluntad de Dios para poder asegurar su dominio, control, poder, capacidad de disposición.

 También nos va a distraer con otros vicios, a la vez que con esto busca debilitarnos.

 Hay que considerar si es que queremos ser verdaderamente libres, es decir, hijos de Dios, porque el camino es difícil, la puerta es peor y los enemigos a los que debemos enfrentar no son solo de este mundo, son especial y principalmente de otro mundo y saben lo que hacen.

 Nosotros no tenemos idea ni de donde estamos parados, no sabemos ni donde vamos, ni como, ni cuando, realmente estamos perdidos, hundidos-sumergidos en nosotros mismos y en un estado de inconciencia total.

 No sabemos que esperar ni de quien, no sabemos donde ir ni como, y para colmo de males, presumimos de saber, decimos que tenemos razón, de manera que solo colaboramos con los engaños y maniobras infernales condenándonos como ególatras delirantes que elegimos ser.

 Es hora de que dejemos de presumir, de delirar de soberbia, de alimentar el ego, de dejar de producir orgullo, de lo contario alcanzaremos la condenación eterna aun no habiendo abandonado el mundo.


Capítulo IV: LA VERDADERA FORTALEZA NO ES VENCER A OTROS, SINO VENCERSE

 Nos quejamos, lamentamos y terminamos hundiéndonos en nosotros mismos teniéndonos lástima, pena y enfermiza e infernal compasión.

 Somos un manojo de debilidad, inestabilidad e inconsistencias, nos falta la verdadera fortaleza que es la que procede de un verdadero amor a Dios.

 Es fortaleza el amor a Dios porque nos negamos a nosotros mismos recibiéndolo, y Él es Verdaderamente Fuerte en nosotros.

 Es falsa la fortaleza de los caprichosos, odiosos y resentidos que se imponen violentamente suponiendo que por ello ganan algo o prevalecen para siempre.

 Se engañan a sí mismos, no ganan nada, obtienen nada, y para colmo, se someten al adversario, se entregan a satanás hundiéndose en la muerte eterna.

 Hoy en día la mayoría de las almas escucha y cree mentiras, elige a satanás hundiéndose en sí y entregándose a la perdición, internándose en tinieblas, buscando el abismo del que no podrán salir.

 Peor aun, no quieren salir, son ególatras delirante de orgullo que quieren creer que reinan, imperan, domina, prevalecen, mientras se esfuerzan por convencerse de que el agujero de su ego, ese sepulcro, es un paraíso.

 Como ven lo que quieren ver y hacen lo que se les antoja, van a perderse sin remedio. Rechazan la verdad no quieren entender lo que verdaderamente sucede.

 Sucede que se han hundido en sí, encerrado en el abismo del ego y enterado en las tinieblas del olvido y de la negación de Dios. sucede que niegan esa realidad queriendo ver-creer las mentiras que satanás les dice.

 Esto es irremediable, irreversible, se condenan sin remedio, salida o solución, se encaminan a la perdición y no quieren escuchar al Señor, ver la Verdad, aceptar siquiera la realidad mas evidente.

 Están pudriéndose en vida, padecen como condenadas, pero se niegan a admitir que solas no pueden y que necesitan de Dios. Tampoco quieren admitir que deben caminar de rumbo, camino, porque están encaminándose a la perdición.

 La verdadera fortaleza no es someter a otros, prevalecer, reinar e imponerse, la Verdadera Fortaleza es buscar la Verdad, aceptarla, adecuarse, renunciar a sí mismo, a la mentira, para obedecer a Dios, para confiar en Él, venciendo así el miedo, esa inútil preocupación por sí.


Capítulo V: VIVIR, NO SOLO EXISTIR

 Nos conduce El Señor a vencernos a nosotros mismos, a negar la voluntad propia y de esta mana a ser verdaderamente libes.

 Si lo escuchamos, le prestamos atención, si discernimos Su Voluntad, Él nos Guía, Enseña, a la vez que nos Fortalece, purifica, santifica, etc.

 Lo que hace en realidad es conducirnos a morir a nosotros mismos un poco cada día para darle oportunidad a Él de entrar y Vivir-Reinar-Permanecer.

 Lo que constantemente hacemos es siempre al revés, rengamos y prescindimos de Él desesperándonos por reina, imponernos, prevalecer, hacernos ver, adorar, etc., y suponemos que por eso vivimos, pero es un engaño.

 Hacerse ver, adorar, aceptar, reconocer, tomar en cuenta, etc., no es vivir, eso es solo existir, es reducirse a una mera e inútil existencia humana que tiende a convertirse en demoníaca por lo viciosa, corrupta y ególatra.

 Existir no es lo mismo que vivir, mientras que todos existimos, son pocos los que viven. Vive el que genera un espíritu de amor a Dios, de hijo de Dios.

Vive el que se niega  así mismo para amar-obedecer a Dios, y vive porque Dios vive en él.

 Solo cuando dios Vive-Reina-Permanece en nosotros tenemos Vida porque Él Es La Vida, si no lo dejamos Vivir-Reinar-Permanecer, si no lo dejamos hacer Su Voluntad, no lo tenemos, y por lo tanto, carecemos de vida, no tenemos su Espíritu de Vida.

 La verdadera Vida Es Espiritual, mientras que nosotros acostumbramos llamar ‘vida’ a lo que no es mas que una mera existencia medio animal que tiende a ser demoníaca.

 Comprender el mal de estos tiempos, las personas ególatras, hundidas en sí, se desesperan por reinar, imperar, hacerse ver, adorar, no queriendo entender que esta manera están apartándose de Dios, olvidándose de Él, renegando de Su Voluntad, y por lo tanto, privándose de la Vida Verdadera, la Espiritual, la Eterna.


Capítulo VI: DEJAR DE EVADIRSE

 Nos hundimos-encerramos en nosotros mismos y permanecemos encerrados en el abismo de egolatría narcisista infernal y de esta manera es como estamos evadidos de la realidad, perdidos en una fantasía por la que la negamos.

 La realidad es que nos hallamos en un pozo-abismo-sepulcro, el que no es otra cosa mas que un infierno de ausencia y negación de Dios.

 Negamos esa realidad y decimos que llevamos una vida real, pero es infernal, es muerte, es egolatría narcisista infernal que mata el espíritu y nos condena a padecer el infierno de la ausencia de Dios ya desde ahora mientras que nos vamos pudriendo en vida.

 A la vez nos atormentan y castigan los demonios, nos devoran los vicios y somos transformados para acabar siendo moradores del infierno, y todo esto mientras que nos hallamos de paso por el mundo.

 Tenemos que dejar de evadirnos de la realidad, aprender a abrir los ojos, ver la Verdad y comenzar a salir del abismo de egolatría narcisista infernal, de lo contrario padeceremos el infierno ahora y para siempre.

 Nos evadimos de la realidad encerramos en una fantasía, construimos un mundo irreal al que llamamos ‘vida’, pero que no es mas que un abismo, un infierno de ausencia de Dios en el que nos pudrimos haciendo esfuerzos por condenarnos.

 Hay que reconocer la necesidad de Dios, dejar de evadirse, admitir lo que ha sucedido y sucede, aceptar la realidad, recibir la Verdad.

 Siempre estamos aferrándonos a lo que no existe, mundos falsos, fantasías, evasiones de la realidad que nos dejan vacíos de Dios y expuestos a demonios que aprovechan a meterse, adherirse, sujetarse, con las consecuencias que esto acarrea.

 Miramos lo que no existe, lo que pudo existir o lo que existió realmente pero que ya no esta. Estas evasiones nos dejan afuera de la realidad y nos privan de Dios porque son rebeldías, oposiciones a la Verdad, a la Voluntad de Dios.

 Hay que aceptar la nueva realidad, dejar de mentirse, de lo contrario seguiremos engañándonos y entregándonos a los demonios que van a seguir infundiendo-transfundiendo sus sentimientos de angustia, desesperación, autodestrucción, obsesión, histeria, etc.


Capítulo VII: VENCER AL ENEMIGO DONDE ESPERA VENCERNOS

 Instintivamente siempre queremos ganar, imponernos, imperar en lo mismo. Cada uno tiene un aspecto personal y único en el que se desespera por prevalecer.

 Esto lo usa el adversario para manipularnos, estudia cual puede ser el punto en el que no retrocedemos, donde obramos instintiva e irracionalmente, y ahí golpea o amenaza con hacerlo.

 Busca que obremos irracional e instintivamente, con furia también, porque así puede manipularnos, manejarnos, dirigirnos, disponer de nosotros, hacernos hacer o no hacer.

 También porque ahí puede entrar en nuestra vida. También porque ahí puede fundirse con el alma y pasar a vivir de ella succionándole vida como sanguijuela.

 Si nos mantiene preocupados, con miedo, pensamos en nosotros mismos y ya no prestamos atención a Dios, nos elegimos, aunque exteriormente fijamos elegir a Dios y así es como andamos engañados convertidos en hipócritas plenamente convencidos de la mentira.

 De es amanera nunca vamos a aceptar la Verdad y así nos vamos a perder. Esta es la razón por la que hay que aprender a renunciar a sí mismo, hacer un esfuerzo y sacrificio real de sí, buscar la Verdad, la Revelación de Dios, su Palabra y ahí seguirlo-obedecerlo.

 Para vencer al adversario lo que debemos hacer es no rebelarnos, no querer vencer a Dios, aceptar lo que Él permite y dedicarnos a seguirlo-obedecerlo. Comprender que lo que busca el enemigo es lograr preocuparnos e imponernos que obremos instintivamente ignorando a Dios, prescindiendo de Él, eligiéndonos a nosotros mismos.

 Debemos morir a nosotros, sacrificarnos, elegir la Voluntad de Dios y así vencer a satanás que espera dominarnos cuando nos castiga, hace padecer y amenaza con hacernos pasar por eso que es lo peor para cada uno, lo que G. Orwell llama “Habitación 1-0-1”.

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