27 de mayo de 2014

Lección Nº 1339, ENTREGARSE A LA VOCACIÓN ROMPIENDO EL MANTO DE NEBLINAS



Lección Nº 1339, ENTREGARSE A LA VOCACIÓN ROMPIENDO EL MANTO DE NEBLINAS

 Aun diciendo que tenemos buena intención estamos tratando de vencer a Dios, dominarlo, controlarlo, y es así porque obramos por miedo, queriendo creer que somos perfectos, volviéndonos fanáticos de lo que hacemos y exagerando todo para aparentar perfección y presentarla ante Él demandando adoración.

 Acá es donde tropezamos, somos vencidos, derrotados, humillados, y con las cosas mas mínimas e insignificantes, porque ahí es donde podemos ver nuestro orgullo de cristal rompiéndose en mil pedazos.

 Es necesario que seamos humillados, pero también es necesario que rindamos, porque hay quienes no lo hacen y al ser derrotados continúan resistiéndose, poniéndose y renegando de Dios, siguen prescindiendo de Él.

 Es la hora de madurar, de crecer, y eso implica dolores, rupturas, sufrimientos, desgarros, abandonar la comodidad, dejar el sepulcro, ese creerse perfectos y centro del mundo.

 Si no lo hacemos para buscar a Dios, terminaremos haciéndolo por la fuerza de las circunstancias en las que el adversario nos hunde y sumerge para perdernos.

 Tenemos que levantarnos, dejar de quejarnos, lamentarnos, preocuparnos y de rengar de Dios, dejar de pelear contra El, dejar de tenernos lástima y asumir la Verdad, la realidad, el camino que nos ha tocado dejando el pasado atrás.

 Siempre el momento del parto es doloroso, angustiante, oscuro y confuso, pero es necesario pasarlo, sino siempre quedaremos enterrados y ocultos, apegados al sepulcro como si un bebe no quisiera nacer, no desease salir del vientre y ser alumbrado.

 Acá es donde comprendemos que no nos presentamos libres ante Dios porque tememos no ser perfectos, y tememos no ser perfectos porque queremos merecer su amor y aprobación, o sea, nos domina el miedo, nos controla el orgullo.

 No vamos a merecer nunca su amor, pero sí podemos favorecer el recibirlo, y lo recibimos cuando aceptamos la verdad, cuando dejamos de mentirnos a nosotros mismos y nos rendimos ante Él para aceptar Su Voluntad.

 En las dificultades que nos tocan atravesar en estos tiempos debemos ir aprendiendo a renunciar a la voluntad propia, a la confianza en sí mismo y a entregarnos a Dios sin límites, libres de preocupación, rompiendo la barrera del miedo, el manto de neblinas.

 Esto implica entregarse a la vocación, seguir su Llamado, obedecerlo colaborando en lo que quiera para Que Venga Su Reino a los corazones y al mundo.

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