8 de febrero de 2014

Lección Nº 877, EL CASTIGO DE LAS FALSAS ILUSIONES



Lección Nº 877, EL CASTIGO DE LAS FALSAS ILUSIONES

 No hemos querido tener a Dios verdaderamente, entonces, lo hemos perdido realmente. Al perder a Dios, nos hemos perdido.

 Naufragamos en tinieblas, andamos errantes en el mundo y perdidos dentro de nosotros mismos, hundidos, sumergidos y ahogados en el propio abismo.

 Dios nos ha dado incontables oportunidades de corregirnos, de liberarnos de orgullo, ambiciones y caprichos, pero notemos querido, al contrario, cada vez nos enterramos-emperramos mas, o sea, obramos por despecho volviéndonos mas caprichosos.

 Quisimos creer que es impune comportarnos de esa manera, y hasta lo creímos porque eso parecía cierto por un tiempo, pero la verdad es que la realidad cae de repente, golpea y azota.

 Desgraciadamente no solo nos engañamos creyendo las mentiras que deseamos creer, sino que continuamos haciéndolo cuando es mas que evidente que creemos fantasías, ilusiones, delirios, aberraciones.

 Corremos tras falsas expectativas, las alzamos cual si de ídolos se tratase, las adoramos, guardamos falsas esperanzas, y al final, cuando es evidente que son solo ilusiones, nos empecinamos caprichosamente en continuar viéndolas.

 Vemos, adoramos, contemplamos y sostenemos o perpetuamos en el tiempo expectativas falsas, no viendo ni queriendo ver que son ilusiones, como hologramas, humo, algo que no existe y que tampoco sirve.

 Debemos prestar atención que son solo la expresión de una horrible rebeldía, es la razón por la que somos caprichosos, y el no querer abandonarlos es el motivo por el cual deseamos continuar siendo caprichosos.

 Somos unos caprichosos resentidos odiosos y perversos que se aferran a cualquier cosa para expresar su descontento, para protestar, reclamar y desafiar, no viendo que es así como terminamos por perjudicarnos porque todo lo que hacemos es por orgullo, berrinche, capricho, histeriqueo, maldad.

 No se puede encadenar una nube, amordazar el viento o tapar la luz del sol, y de la misma manera no se puede mantener, sostener, perpetuar, defender, etc., una falsa expectativa, una inútil ilusión.

 Lógicamente, podemos y lo hacemos por un tiempo, pero no vemos que eso nos destruye, consume, aniquila, no vemos ni queremos comprender que ahí nos encerramos en nosotros mismos para pudrirnos en vida y para ser consumidos por demonios que aprovechan el vernos sin Dios para echarse encima.

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