6 de febrero de 2014

Lección Nº 865, AVANZA LA MISERIA ESPIRITUAL



Lección Nº 865, AVANZA LA MISERIA ESPIRITUAL

 Nos controla, domina y somete el miedo, el mismo vacío, la desolación que deseamos tener, ese olvido y negación de dios donde nos dedicamos egoísta y miserablemente solo y siempre a nosotros mismos, donde nos empeñamos por satisfacernos siempre.

 Al no amar a Dios al no elegirlo al pensar solo y siempre en nosotros mismos, terminamos enterrados y pedidos en tinieblas, ahogados en el olvido mismo de Dios que estamos provocando, generando, haciendo y siendo.

 No lo vemos, no lo comprendemos, pero como a demonios, nos preocupa perder el poder, no tener el control, y tampoco comprendemos que nos descontrolamos tratando de tenerlo.

 Enloquecemos de furia tratando de controlar, prevalecer e imponernos, buscando la manera de someter a otros y obligarlos a que nos obedezcan, sirvan, se pongan a nuestra disposición.

 Decimos orgullosa y soberbiamente que somos grandes, importantes y perfectos, luego queremos que nos adoren, sirvan y obedezcan, suponiendo que nos es debido, por ello al no obtener lo que demandamos, imponemos y exigimos, nos enojamos, odiamos y despreciamos como demonios.

 Deberíamos aprender que, si otros no nos adoran, no nos sirven ni nos obedecen son libres de obrar de esa manera, nosotros somos los equivocados que queremos, exigimos y demandamos lo que no nos corresponde.

 Los que no se someten a nuestros caprichos no están equivocaos, los equivocados somos nosotros que nos engañamos y convencemos de que se nos debe la atención que queremos.

 Comprender que, si deseamos controlar a otros y esos otros se hallan totalmente descontrolados, terminamos descontrolados, no los vamos a controlar, por ello es que debemos dejar de querer hacernos obedecer, de pretender hacernos adorar, aceptar y tomar en cuenta.

 Así como caemos en la atroz e insensible indiferencia para los otros, esos otros con los que nos enojamos porque no nos adoran, también se hallan absortos en su orgullo y perdidos en su miedo incapacitándose por ello para poder amar, pero no lo queremos entender y les exigimos enojándonos si no nos prestan la atención que queremos.

 Como nadie ama, pero todos deseamos ser amados, adorados, tomados en cuenta, aceptados, etc., el amor escasea. Como no amamos, no hay lugar para Dios que Es Amor, las tinieblas crecen y se multiplican, entonces, avanza la miseria espiritual de la humanidad, la misma en la que todos contribuimos.

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