3 de febrero de 2014

Lección Nº 852, PUDRIÉNDOSE Y NAUFRAGANDO EN HIPOCRESÍA



Lección Nº 852, PUDRIÉNDOSE Y NAUFRAGANDO EN HIPOCRESÍA

 Un alma que es traicionada por otra, decepcionada, odiada, etc., para ser libre debe perdonar y perdonarse, porque si no hay perdón, no hay liberación. Por supuesto que el ofensor no merece el perdón e incluso, tal vez ni lo acepte, pero el alma por ella misma, debe perdonar para ser libre.

 Una vez que perdona, puede orar, apartarse, y ahí recién podrá olvidar, porque ahí será completamente libre.

 Si no hay perdón el adversario aprovecha su rencor para atormentarla a ella misma, usa esa impureza, fuente de pus para envenenarla, para asustarla, atormentarla y obligarla a generar odio, deseos de venganza, veneno que acaba por corromperla a ella misma.

 El perdón es un don sobre natural, superior, es lo que nos asemeja a Dios, porque es verdadero amor, y por supuesto que es absolutamente injusto, porque no es debido, es un don, es gratuidad, y cuanto mas injusto, mas glorioso y libertador.

 Las almas no aman, no perdonan, no se dejan purificar por Dios, no escuchan al Señor ni quieren prestarle atención, no se dejan corregir por Él, entonces, practican algún culto, dicen tener religión, etc., pero es engaño, algo superficial, una fantasía.

 La verdadera religión implica crecimiento, evolución, significa amar a Dios, o sea, recibirlo, aceptarlo, obedecerlo, colaborar en sus obras.

 Se engañan las almas diciendo que aman al prójimo cuando en realidad solo realizan un servicio externo a quienes quieren o les resulta cómodo. El verdadero amor al prójimo implica el perdón.

 Almas odiosas, rencorosas, se disfrazan de piadosas, gritan diciendo que oran y realizan obras vistosas en el mundo, pero no aman en verdad, no han perdonado ni tienen intención de hacerlo.

 Un alma que guarda rencor y dice amar a Dios o finge amar al prójimo, es hipócrita, es como los fariseos y maestros de la ley de antaño.

 Si amamos a Dios en verdad, tenemos que escucharlo y aprende a perdonar, a dejar al Señor entrar y pasar por medio nuestro iluminándonos y enseñándonos y ayudándonos a perdonar.

 Si decimos que amamos al prójimo, que nos preocupamos e interesamos por éste, debemos escuchar a Dios, aprender a perdonar y dejar de construir fantasías para engañarnos a nosotros y para engañar a otros, porque lo importante son los corazones y el alma esta pudriéndose por la falta de perdón mientras naufraga en la hipocresía.

 Un alma que no ama a Dios ni al prójimo en verdad, puede llegar incluso a encumbrarse y dirigir religiones, solo porque es hipócrita, embustera, se miente y se lo cree, pero esta condenada ya desde ahora, yace en tinieblas y su suerte no va a ser mejor que la de judas de quién se hace heredero y seguidor.

 Las almas fingen religión, fingen culto y adoración, aprenden una doctrina, la repiten, pero no practican la verdadera religión, no aman a Dios, no perdonan, no aceptan a Dios ni perdonan al prójimo, de manera que e vuelven serpientes repugnantes, abominables y consuman la abominación de la desolación.

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