13 de enero de 2014

Lección Nº 743, TRAICIONADOS POR EL ADVERSARIO



Lección Nº 743, TRAICIONADOS POR EL ADVERSARIO

 Si tenemos al adversario, satanás, de aliado-cómplice, no podemos quejarnos después de que se vuela en contra, porque sabemos que es un maldito traidor, el problema no es que nos perjudique, sino que andemos con nuestro enemigo.

 Andamos con satanás porque nos dedicamos al orgullo, cultivamos el amor propio, practicamos la egolatría, somos desamorados a los que no les importa Dios, sino que solo sabemos ver defectos en otros mientras no cesamos de adorarnos.

 Queremos ver defectos en otros, y acabamos viéndolos, no entendiendo que no somos mejores ni diferentes, que en esencia adolecemos del mismo defecto, no amamos a Dios que la fuente de todo bien, al contrario, preferimos al adversario, satanás.

 Eso ocurre directamente por quienes le rinden culto, e indirectamente por quienes se rinden culto a sí, a la propia imagen, aquella que durante años han forjado para hacerse amar, adorar, aceptar, etc.

 Es el adversario, satanás, un maldito traidor, simplemente porque se elige a él mismo, porque se ador a sí mismo y no cesa de conformarse, saciarse, no deja de alimentar su ego.

 Se adora a él mismo, él mismo se satisface, es el colmo del egoísmo, se excita con él mismo y se dice las mentiras que desea escuchar, es un pobre infeliz reducido a un estado demencia lamentable, con el agravante de que su demencia es provocada por un delirio de soberbia.

 Si su demencia la provoca un delirio de soberbia, es evidente que llega a ese estado por ser un maldito caprichoso desamorado que no deja de satisfacerse y de exigir ser saciado en su ego.

 Para no llegar a caer en el mismo delirio, debemos prestar atención al Señor, aprender a buscarlo y a recibirlo verdaderamente, es decir, no debemos apagar o impedir Su Revelación, porque así es como Él puede salvarnos de nosotros mismos, puede evitar que nos perdamos rindiéndonos culto.

 Si obramos por nosotros mismos sin escuchar al Señor, sin dejarnos Guiar por Él, terminamos haciendo o no haciendo por costumbre, poniendo el acento en lo que es nuestra acción u omisión como si eso fuese algo importante, no viendo que es lo secundario y sin importancia.

 Las acciones deben ser fruto de la comunión con Dios, efecto de su Vida en nosotros, expresión de Su Voluntad, pero han llegado a ser todo lo contrario, simplemente porque nos hallamos en un estado habitual de rebeldía contra Dios, de manera que no colaboramos con Dios, y al final terminamos traicionados por el adversario a quien pertenecemos por ser rebeldes orgullosos desamorados como él.

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