9 de enero de 2014

Lección Nº 721, LA FE QUE DECIMOS TENER



Lección Nº 721, LA FE QUE DECIMOS TENER

 Solo teniendo amor podemos tener paciencia, el que no ama es impaciente porque se desespera por prevalecer e imponerse, y esto es porque se dedica completamente a hacerse amar, adorar, admirar, tomar en cuenta, etc.

 No le tenemos paciencia a Dios, y es porque no lo amamos verdaderamente, desconfiamos, nos preocupamos demasiado por nosotros mismos, tanto nos preocupamos por nosotros como inútil es hacerlo, y también, en forma proporcional a la falta de Fe.

 Si amamos a Dios en verdad, si lo hacemos como es debido, como queremos creer y hacer creer que lo hacemos, el tenerle paciencia es algo natural, como un padre tiene paciencia a su hijo cuando le provoca problemas o le trae contratiempos.

 Solo la paciencia supera las dificultades y hace que prevalezca el amor, pero si no hay un esfuerzo real por amar a Dios, no tenemos ni le tendremos paciencia, y es así como acabaremos siendo iguales a fariseos y maestros de la ley del tiempo del Primer Paso del Señor por el mundo.

 No amando a Dios por sobre nosotros mismos, no le tenemos paciencia, entonces, nos dedicamos a hacernos amar, adorar, servir y obedecer, como tontos terminamos peleando contra Dios queriéndolo dominar, someter, buscando prevalecer sobre Él.

 Nos valemos por cuenta propia, hacemos lo que queremos, no escuchando a Dios, no recibiendo al Señor, no favoreciendo Su Revelación, entonces, somos hipócritas orgullosos que demuestran estar mas preocupados por sí mismos que interesados por amar a Dios, seguir al Señor y obedecerlo confiadamente.

 No sabemos darle a Dios el tiempo necesario para que obre, y para que lo haga como sabe y quiere hacerlo, es decir, bien, como siempre, como esta escrito ya desde el génesis, todo lo que Dios hizo siempre es bueno y muy bueno.

 En la paciencia nos negamos a nosotros mismos aprendemos a esperar y perseverar, es donde llegamos a confiar en Dios en verdad, pero si la desdeñamos, rechazamos o prescindimos de ella entregándonos a caprichos, vicios, ambiciones, dedicándonos a satisfacernos en lo que queremos concretar, llegamos a ser hipócritas que fingen amar a Dios y solo se engañan a sí mismos.

 Lo que debemos hacer en estos tiempos es vencer el miedo, desterrar la preocupación por sí mismo ejerciendo la Fe que decimos tener, porque el miedo, o la preocupación por sí, es lo que nos esta dominando, sometiendo, venciendo y es lo que lleva a que muchas almas abandonen la fe.

 Muchas almas abandonan la fe creyendo tenerla, entonces, se engañan a sí mismas y terminan por convertirse en hipócritas.

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