19 de diciembre de 2013

NECESIDAD DEL ESPÍRITU SANTO, prepararse para recibirlo



NECESIDAD DEL ESPÍRITU SANTO, prepararse para recibirlo

Capítulo I: CONFORMARSE ES AUTODESTRUIRSE

 El egoísmo de las almas se ha vuelto crónico y ha llegado a ser enfermizo, absolutamente insoportable, verdaderamente abominable, de manera que las almas se convirtieron en deplorables.

 Es una obsesión consigo mismo que llega a engendrar maldad, es una total indiferencia atroz en la que las almas se encierran pensando obsesivamente en sí mismas y dedicándose caprichosamente a satisfacerse sin siquiera darse reposo a sí.

 Es el imperio de la maldad porque la salmas no hacen otra cosa mas que empeñarse en satisfacerse obtusa, terca, despiadadamente, obligándose mutuamente a colaborar en la satisfacción del ego-orgullo.

 No hay otra cosa mas que esto en el mundo, entonces, no hay lugar para Dios, ni en las almas, ni en los corazones, y desgraciadamente, esto también ocurre en las religiones, debido a que la Voluntad de Dios es ignorada, rechazada y tenida como no existente.

 Se tiene a Dios como no existente, o como si fuese un hecho intrascendente el que existiera o no, a nadie le importa Dios mismo, Él por Él mismo, y es porque cada cual solo pensar en sí mientras se desespera por procurarse satisfacción, saciedad, conformidad.

 Las almas se dedican a lo que quisieron y lo hacen sin límite ni razón ya, se empeñan en saciarse, conformarse y satisfacerse hasta reventar tanto en cuerpo como en alma y espíritu.

 Así es como se vuelven despiadadamente indiferentes a Dios, y luego, a todo y todos, no les importa nada mas que conformar a su ambición siempre creciente, la misma que, una vez satisfecha, se multiplica queriendo-deseando diez veces mas.

 No ven siquiera que cuanto mas se sacian-conforman-satisfacen, mas sufrientes e infelices se vuelven, simplemente porque necesitan diez veces mas de lo que egoístamente se han satisfecho.

 Dedicarse a conformar la ambición es dedicarse a la autodestrucción. Tenemos que eliminar, exterminar, aniquilar la ambición que nos domina, somete y atormenta, debemos darle muerte a esa muerte que nos esta arrastrando a la muerte eterna.

 Esto se consigue renunciando a sí mismo, a la propia voluntad, y no por o para cualquier cosa, sino para aceptar la Voluntad de Dios y colaborar en que Se Haga-Reine-Triunfe.

Capítulo II: ALMAS QUE HIERVEN DESESPERADAS

 Reina un egoísmo infernal sin límite ni razón, las almas se encuentran centradas en sí mismas y alejadas totalmente de la realidad, absortas en su mentira y perdidas al dedicarse enfermizamente a la egolatría narcisista infernal.

 Se rinden culto, cultivan la propia imagen, no les importa ser verdaderamente, reina el aparentar, importa el parecer, entonces, se dedican al mundo, se pierden en sus vanidades y arden desesperadas en deseos de saciarse.

 Arden también en deseos infernales de adoración, porque toda ambición engendra tal deseo, lo provoca, genera y aviva, de manera que, con el correr del tiempo, las almas se encuentran encendidas en un deseo ardiente de adoración, es decir, llegan a ser como satanás.

 Con desesperación, alteración, miedo, preocupación, enfermas de celos y pensando solo en sí mismas, las almas se alzan del abismo para reclamar adoración, aceptación y reconocimiento, y no les importa nada de nada ni de nadie, solo conformar su ego, satisfacer su orgullo, saciar su ambición.

 De esta manera es que las almas pasaron a ser esclavas de sí mismas, de aquello que han querido, buscado, generado, provocado.

 Las almas en estos tiempos deberían arder de amor a Dios, estar inflamadas de celo por Él, pero la verdad es que arden de desesperación enfermiza e infernal, aquella que surge porque desean ser adoradas.

 Desean ser adoradas porque no adoran a Dios, porque lo han rechazado y desplazado, porque se asientan en su lugar  suponen en sus delirios que les corresponde ser adoradas.

 También porque suponen que obteniendo adoración, hallarán algún tipo de satisfacción, conformidad, alivio o consuelo.

 La verdad es que las almas solo y siempre piensan en sí mismas y no les importa mas nada de nada ni de nadie, entonces, por mas que no lo quieran ver, lo único que tienen es esa mezquindad abominable, esa miseria repugnante en la que se han convertido.

 Se tienen a sí mismas, pero reducidas a nada, hechas nada por elección propia, simplemente porque quisieron ser nada, eligieron no amar y hacerse adorar a imagen de satanás.

 De esta manera es que beben el propio veneno, el que arde recalcitrante en sus entrañas desamoradas donde hierven desesperadas por lograr ser adoradas.

Capítulo III: ABRAZAN SU CONDENACIÓN

 El egoísmo ata a las almas a satanás, las liga, sujeta o encadena, y hasta peor aun, las somete a éste y sus caprichos, pero a las almas no les importa ni les interesa, solo y siempre se preocupan por sí mismas y continúan desesperadas dándose a sus ambiciones.

 Nadie piensa ni quiere pensar en otra cosa mas que en sí mismo, en satisfacerse, conformarse, saciarse, no advirtiendo que de esta manera se entregan a una ambición infernal donde hallan la autodestrucción y en la que solo tendrán un inmenso vacío eterno y una gran y abominable desolación.

 Desesperadamente las almas se dedican a tratar de conformar su egoísmo, saciar su ambición, satisfacer su ego, pero ni siquiera advierten o escuchan que de esta manera están obrando en contra de sí mismas.

 No ven ni quieren entender que están conspirando con satanás para solo cosechar una amarga y triste desolación, una abominable autodestrucción segura, pronta e inevitable.

 Las almas no consideran los Dones de Dios, no ven, no entienden, ni siquiera hacen un esfuerzo por comprender, solo corren y corren desesperadamente tras la satisfacción que se procuran como si el obtenerla fuese salvación.

 Así es como abrazan su condenación, pero con el delirio de creerla su salvación. Llegan a tal incoherencia porque el miedo las ahoga, sofoca y desesperadas creen que se liberan de éste conformándolo, no viendo que si lo satisfacen, están rindiéndosele.

 Al saciar o conformar el miedo, le están dando poder, entonces no se liberan de éste, el miedo aumenta, de manera que se ahogan, hunden y precipitan en abismos mas profundos y de tinieblas mas densas.

 Ahí va creciendo el miedo, se provoca pánico y la preocupación por sí estrangula  a las almas. Éstas quedan de tal manera desapropiadas de si, pierden el control y es satanás el que las gobierna, manipula y dispone de ellas haciéndoles hacer o no hacer a su antojo.

 No ven ni quieren las almas que Dios concede tiempo para que se corrijan, para que renuncien a sí mismas, reconsideren sus caminos, no para que acaben de enterrarse mas aun en el abismo de la egolatría desamorada infernal que vienen construyendo y haciendo prosperar para su eterna ruina.

Capítulo IV: EL DON DEL ESPÍRITU

 Concede El Señor en atención al sacrificio realizado por el puñado de almas que lo aman verdaderamente, un plazo especial de Gracia para el bien de muchos, y el que resulte en verdadero bien, depende de las almas mismas, de si lo aprovechan o no.

 Tal plazo es para que las almas tengan una última oportunidad de corregirse, convertirse, volver a Dios para que Él las limpie-purifique antes del Paso del Espíritu Santo.

 El Paso del Espíritu Santo es el Don del Espíritu Que Dios Hace, pero no lo podemos recibir sino hemos recibido al Señor primero, simplemente porque el señor nos prepara y predispone para recibir el Don del Espíritu.

 El Señor nos limpia, purifica, corrige, etc., dándonos porciones de Espíritu, el que viene después definitivamente para reunirnos con El Padre, para que entremos en verdadera comunión con Dios.

 El Espíritu trae la Fuerza y Potencia, es el Don definitivo, Es la Justicia Divina donde cada uno recibe lo que le corresponde, aquello que ha elegido, querido, preferido, manifestado tener deseo de poseer.

 El alma que no eligió al Señor clara y decididamente, queda potenciada y fortalecida en la rebeldía que quiso en su lugar, mientras que el alma que renunció  así misma, que eligió la obediencia a la voluntad de Dios, amando de esta manera  a Dios verdaderamente, pasa a verse potenciada en ese amor.

 El alma que manifestó querer a Dios, elegirlo, seguirlo, preferirlo, pasa a estar confirmada en Gracia, tiene a Dios, a Aquel al Que Ha Elegido, con las consecuencias que esto acarrea.

 El alma que se eligió miserablemente a sí misma, ve potenciada esa miseria desamorada, queda a merced de su vacío y termina totalmente desolada porque es lo que ha elegido.

 Dios no es injusto, no es miserable, no es perverso, todo lo contrario, hizo lo imposible para que tengamos, y para que tengamos en abundancia, pero somos nosotros los que hemos elegido renegar o prescindir de Él miserablemente, entregándonos al abismo y convirtiéndonos en desolación-ausencia de Dios.

Leer:

Las Siete Palabras del Espíritu Santo Son:








Capítulo V: LA VERDAD ES LA ESENCIA

 Estamos muriéndonos en vida, no vemos que nos vamos resecando, descomponiendo estropeando, aniquilando mientras nos auto consumimos-devoramos, y mientras nos exponemos a los enemigos espirituales para que nos destrocen.

 Las fuerzas nos abandonan, es la vida que estamos perdiendo, no lo vemos, entendemos, comprendemos ni nos interesa, solo pensamos desesperadamente en saciarnos, conformarnos, satisfacernos, buscando la manera de ser llenados con la vida que prendemos succionarles a otros.

 Sintiendo el vacío y la desolación, padeciendo la ausencia de Dios, nos movemos inconscientemente a tratar de obtener adoración, suponiendo que de esta manera vamos a liberarnos del vacío que nos atormenta.

 No vemos que ahí estamos realizando las malas obras de las tinieblas, estamos colaborando con el adversario y con el progreso de su inmundo reino de egolatría. Esas malas obras las realizamos en perjuicio propio, y también ajeno, convirtiéndonos en la peste para sí y otros, incluso cuando decimos que obramos por Dios o por el bien del prójimo.

 No importa lo que hacemos o lo que fingimos y decimos hacer, la verdad es la esencia, y lo que hacemos en esencia es renegar de Dios, prescindir de Él y dedicarnos como demonios a tratar de ser saciados y adorados en su lugar.

 No vemos que es ahí donde generamos las llamas ardientes del inmundo deseo de adoración que nos atormentan, pero no nos interesa tampoco, solo pensamos en saciarnos-conformarnos.

 De tanto renegar de Dios, prescindir de Él y entregarnos a satisfacer el ego, hemos generado en el interior una abominable ausencia de Dios, un real olvido de Él, una perversa negación de las mas simples verdades.

 Por mas que hablemos de Dios o sobre Él todo el tiempo, si no le prestamos atención, si no lo obedecemos, no amamos a Dios, continuamos adorándonos a nosotros mismos y al abismo siempre creciente de nuestro ser desamorado, corrupto y perverso que nos destruye-consume-devora-transforma.

 El mismo desamor miserablemente egoísta que tenemos para con Dios, se vuelve un castigo, acaba por ser lo que tenemos en el lugar de Dios, simplemente porque preferimos conformarnos y rechazarlo confirmando que de esta manera no deseamos tener a Dios verdaderamente.

 Muchos se llenan la boca hablando de Dios, pero no le prestan atención ni lo obedecen, entonces, se vuelven los peores hipócritas jamás nacidos, aquellos que pudiendo entrar en el Reino, no lo hacen, ni permiten que otros lo hagan.

Capítulo VI: EL DON DEL ESPÍRITU (2 da Parte)

 Dios quiere otorgar a las almas Dones jamás vistos ni conocidos, pero las almas van por otros caminos, se esfuerzan por perderse en sí mismas enterrándose en tinieblas, entregándose a la desolación infernal de la abominable ausencia de Dios.

 Realmente las almas permanecen en otro mundo, ajenas totalmente de Dios, alienadas en el inmenso y oscuro abismo de egolatría y absoluta y exclusivamente consagradas a la perdición eterna.

 Mientras se esfuerzan por perderse enterrándose en el olvido de Dios, todavía Dios quiere Salvarlas, aun desea hacerles El Bien, y no cualquier Bien, sino El Verdadero y Eterno Bien, desea darles Vida Eterna.

 Esta Vida Eterna no es para después, no es para una vez que haya culminado su paso por el mundo, es para ahora mismo, pero para que tal Don pueda ser efectivo, deben las almas convertirse, cambiar, abandonar sus malos caminos.

 Si hasta ahora siempre concibieron las almas que para alcanzar Vida Eterna debían morir, ahora deben entender que se puede morir a sí mismo, al mundo, a las ambiciones y rebeldías para llegar a entrar en El Reino de Dios aun hallándose de paso por el mundo.

 Esto significa que las almas pueden tener Vida Eterna mientras aun se hallan en el mundo, pero para eso es que deben morir al mundo, renunciar a la muerte, al olvido de Dios, la negación de Él, a esa rebeldía infernal que las conduce a pasar por el mundo como en infierno, en contra de Dios y padeciendo como condenadas.

 Si morimos a nosotros mismos ahora para aceptar-recibir al Señor, lo tenemos y al recibirlo, recibimos la Bendición de Dios, la Vida Eterna, El Don del Espíritu Santo, Espíritu de Vida Eterna, la Esencia de Dios misma.

 Morimos a nosotros mismos cuando renunciamos  ala propia voluntad para aceptar la Voluntad de Dios y colaborar de esta manera en Que Se Haga-Reine-Triunfe en nuestra vida.

 No se trata de morir o renunciar en cualquier cosa, sino en aquello que Dios realmente quiere, por eso es que es necesario mirarlo, escucharlo, prestarle atención, para poder ponerse a su disposición y hallarse totalmente a su meced llegando a confiar de esta manera verdaderamente en Él.

Leer:







Revelación pública y privada:

¿Por qué no Vuelve El Señor?




1.2. LA RESURRECCIÓN DE LAS ALMAS:


Capítulo VII: OTRA VEZ MATARON AL SEÑOR

 Hoy en día se le da una importancia exagerada al mundo y sus cosas cuando la realidad es que son nada y sirven de menos, mientras que Dios y sus cosas, son ignoradas por la mayoría de las almas, o peor, hay muchas almas que se alegran en odiarlo, demostrando no solo connivencia con satanás, sino la incoherencia de sus almas drogadas con soberbia y perdidas en el orgullo.

 Las almas están dedicadas, consagradas, entregadas al mundo, se hallan enterradas en éste, prescindiendo de Dios, renegando de Él, olvidándose realmente aun cuando hablen todo el tiempo de religión.

 El problema es que cada uno se rinde culto exageradamente a sí mismo, entonces, termina dedicado a vanidades, enterrado bajo esa imagen que construye de sí en la desesperación por obtener ser adorado.

 De esta manera es que las almas se adulan unas otras y se rinden pleitesía infernal poniéndose de acuerdo para quedar sin Dios como lo hicieron pilato y herodes en su momento.

 En el tiempo del Primer Paso del Señor por el mundo, pilato era la autoridad del mundo en esa región y herodes era la autoridad del pueblo de Dios, era su rey, entre ambos líderes mataron al Señor, echaron a Dios del mundo.

 Si bien fueron manipulados y usados por un grupito astuto, diabólico y perverso, ellos tenían supuestamente autoridad y acabaron por ejecutar el deicidio al servicio de satanás y de sus infernales adoradores mundanos.

 En estos tiempos ocurre en todas las naciones lo mismo, sus autoridades civiles y religiosas manipuladas por sectas masónicas infernales, imponen la gran apostasía, la negación absoluta de la fe, el olvido de Dios, el culto a los ídolos y la consagración a satanás y la muerte eterna.

 Luego, a nivel general, mundial, ocurre lo mismo, la nación que tenía preeminencia y que se halla en decadencia por implosión provocada y controlada, también reniega de Dios, así como los líderes religiosos mundiales que se dedican-consagran al mundo y a la vida en éste y para éste, dependiendo del mundo y no de Dios, estando pendientes del mundo y no de Dios.

 Estamos en tiempos análogos a los de la Muerte del Señor, comienzo de la gran desolación, del infierno de su ausencia provocado por perversos satanistas, pero querido en el fondo por la gran mayoría que no le ha importado perder su Fe o volverla inútil, transformarla en humana, humanista, terrena y materialista totalmente desamorada para Dios.

 Otra vez mataron al Señor, simplemente porque renegaron de Él, prescindieron de su Don, se opusieron a Su Voluntad y apagaron la Revelación, imponiendo de esta manera las tinieblas, provocando el vacío, la ausencia, la gran desolación.

Leer:


LOS REINOS DE LA CREACIÓN Y SUS HABITANTES:

LOS REINOS DE LA CREACIÓN Y SUS HABITANTES COMPLETO:

El-reino-de-los-cielos:

El-reino-del-limbo-superior:

El-reino-del-purgatorio:

El-reino-de-la-humanidad:

El-reino-animal:

El-reino-vegetal:

El-reino-natural:

El-reino-del-limbo-inferior:

El-reino-infernal:


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