18 de diciembre de 2013

Lección Nº 610, ALMAS QUE HIERVEN DESESPERADAS




Lección Nº 610, ALMAS QUE HIERVEN DESESPERADAS

 Reina un egoísmo infernal sin límite ni razón, las almas se encuentran centradas en sí mismas y alejadas totalmente de la realidad, absortas en su mentira y perdidas al dedicarse enfermizamente a la egolatría narcisista infernal.

 Se rinden culto, cultivan la propia imagen, no les importa ser verdaderamente, reina el aparentar, importa el parecer, entonces, se dedican al mundo, se pierden en sus vanidades y arden desesperadas en deseos de saciarse.

 Arden también en deseos infernales de adoración, porque toda ambición engendra tal deseo, lo provoca, genera y aviva, de manera que, con el correr del tiempo, las almas se encuentran encendidas en un deseo ardiente de adoración, es decir, llegan a ser como satanás.

 Con desesperación, alteración, miedo, preocupación, enfermas de celos y pensando solo en sí mismas, las almas se alzan del abismo para reclamar adoración, aceptación y reconocimiento, y no les importa nada de nada ni de nadie, solo conformar su ego, satisfacer su orgullo, saciar su ambición.

 De esta manera es que las almas pasaron a ser esclavas de sí mismas, de aquello que han querido, buscado, generado, provocado.

 Las almas en estos tiempos deberían arder de amor a Dios, estar inflamadas de celo por Él, pero la verdad es que arden de desesperación enfermiza e infernal, aquella que surge porque desean ser adoradas.

 Desean ser adoradas porque no adoran a Dios, porque lo han rechazado y desplazado, porque se asientan en su lugar  suponen en sus delirios que les corresponde ser adoradas.

 También porque suponen que obteniendo adoración, hallarán algún tipo de satisfacción, conformidad, alivio o consuelo.

 La verdad es que las almas solo y siempre piensan en sí mismas y no les importa mas nada de nada ni de nadie, entonces, por mas que no lo quieran ver, lo único que tienen es esa mezquindad abominable, esa miseria repugnante en la que se han convertido.

 Se tienen a sí mismas, pero reducidas a nada, hechas nada por elección propia, simplemente porque quisieron ser nada, eligieron no amar y hacerse adorar a imagen de satanás.

 De esta manera es que beben el propio veneno, el que arde recalcitrante en sus entrañas desamoradas donde hierven desesperadas por lograr ser adoradas.

 Reina un egoísmo infernal sin límite ni razón, las almas se encuentran centradas en sí mismas y alejadas totalmente de la realidad, absortas en su mentira y perdidas al dedicarse enfermizamente a la egolatría narcisista infernal.

 Se rinden culto, cultivan la propia imagen, no les importa ser verdaderamente, reina el aparentar, importa el parecer, entonces, se dedican al mundo, se pierden en sus vanidades y arden desesperadas en deseos de saciarse.

 Arden también en deseos infernales de adoración, porque toda ambición engendra tal deseo, lo provoca, genera y aviva, de manera que, con el correr del tiempo, las almas se encuentran encendidas en un deseo ardiente de adoración, es decir, llegan a ser como satanás.

 Con desesperación, alteración, miedo, preocupación, enfermas de celos y pensando solo en sí mismas, las almas se alzan del abismo para reclamar adoración, aceptación y reconocimiento, y no les importa nada de nada ni de nadie, solo conformar su ego, satisfacer su orgullo, saciar su ambición.

 De esta manera es que las almas pasaron a ser esclavas de sí mismas, de aquello que han querido, buscado, generado, provocado.

 Las almas en estos tiempos deberían arder de amor a Dios, estar inflamadas de celo por Él, pero la verdad es que arden de desesperación enfermiza e infernal, aquella que surge porque desean ser adoradas.

 Desean ser adoradas porque no adoran a Dios, porque lo han rechazado y desplazado, porque se asientan en su lugar  suponen en sus delirios que les corresponde ser adoradas.

 También porque suponen que obteniendo adoración, hallarán algún tipo de satisfacción, conformidad, alivio o consuelo.

 La verdad es que las almas solo y siempre piensan en sí mismas y no les importa mas nada de nada ni de nadie, entonces, por mas que no lo quieran ver, lo único que tienen es esa mezquindad abominable, esa miseria repugnante en la que se han convertido.

 Se tienen a sí mismas, pero reducidas a nada, hechas nada por elección propia, simplemente porque quisieron ser nada, eligieron no amar y hacerse adorar a imagen de satanás.

 De esta manera es que beben el propio veneno, el que arde recalcitrante en sus entrañas desamoradas donde hierven desesperadas por lograr ser adoradas.

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