8 de diciembre de 2013

Lección Nº 560, EL ODIO FURIOSO DE UN EGÓLATRA



Lección Nº 560, EL ODIO FURIOSO DE UN EGÓLATRA

 ‘No te estas ocupando de mí’, dice el adversario, satanás, quejándose, reclamando, acusándonos, deseando hacernos padecer por ello, porque es un cerdo preocupado por él mismo y desesperado por lo tanto por obtener ser adorado.

 Lo dice con odio, veneno, furor, sulfurando la rabia que lo hace arder en deseos de adoración. Se envenena y arde por la desesperación que lo consume y estropea, deforma aun mas de lo deforme que ya es.

 No acepta de ninguna manera que no lo adoremos, que no le pertenezcamos, que no le estemos sometidos, rendidos, entregados, por ello es que desesperado busca conseguir de una manera o de otra someternos, aplastarnos, dominarnos, humillarnos, etc.

 No se trata solo de palabras, es veneno, un espíritu maldito que sulfura, que arden en su interior y que escupe o vomita sobre nosotros para atormentarnos, recurriendo a razonamientos macabros, complicados, enredados y confusos en los que siempre somos culpables-responsables de su dolor.

 Ahí deja en evidencia lo que es y hace, sufre porque odió, odia y odiará, no sufre porque nosotros le provoquemos ese dolor, eso es lo que quiere creer, sin embargo, el que odia es él, entonces, el que lo hace padecer es él mismo, porque esta generando el veneno que lo consume, devora, deforma, transforma y destruye convirtiéndolo en la basura repugnante que es.

 Es tanta la preocupación que el adversario tiene por él mismo que se hunde, ahoga y sofoca por ello, generando de esta manera un deseo ardiente y desesperante de ser adorado.

 Ahí es que se enfurece porque no obtiene lo que desea, la satisfacción que comprende que necesita, aquella misma que él genera al no haber querido amar y al haber elegido odiar y dedicarse a obtener la adoración que solo corresponde a Dios.

 Se le retuercen las entrañas por el odio, la furia, la maldad, generando un odio visceral que se las solidifica como si de cemento se tratase, y ahí orgulloso, soberbio, maldito y despiadado, escupe veneno, se alza, ataca, muerde como la maldita serpiente ardiente que es.

 Escupe el veneno de una capciosa acusación abominable y repulsiva, maldita y despiadada en la que pretende humillar, aplastar, vencer, dominar, denigrar, etc., a las almas, a cada una en forma particular, en su mundo-vida.

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