4 de diciembre de 2013

ALMAS MUERTAS=ALMAS DESAMORADAS



ALMAS MUERTAS=ALMAS DESAMORADAS


Capítulo I
NO SOLO NOS DEJAMOS ENGAÑAR

 Nos damos por vencidos, derrotados y perdidos sin remedio, abandonamos toda esperanza y nos entregamos a la mas abominable desolación jamás conocida.

 Esto no hace sino expresar que somos caprichosos, rebeldes, unos desamorados que no hacen otra cosa mas que pensar en sí mismos, verdaderos egoístas que se afligen ante la ruina irremediable de su orgullo.

 Si el orgullo ha sido derrotado, no estamos perdidos sino salvados, pero, debemos soltarlo, desecharlo, echarlo por la borda, deshacernos de él, porque el orgullo es amor propio, es miedo y preocupación por si, es lo que alimenta el egoísta dedicarse a sí mismo en el que nos perdemos, ahogamos, aniquilamos.

 En vez de lamentarnos por el orgullo malherido, en vez de llorar al muerto, debemos levantar la cabeza y comenzar a buscar al Que Vive, al Señor, El Que Resucitó de entre los muertos.

 Nos apegamos a lo que se cae, derrumba, hunde, pierde, deshace, desmorona, y por ello es que estamos arruinados, perdidos, hundidos, desmoronados, abatidos y sin fuerzas.

 Continuamos atados al abismo, encadenados a éste defendiéndolo, sosteniéndolo, alimentándolo con la propia vida, es por ello que no hacemos otra cosa mas que padecer, sufrir y lamentarnos.

 Dejamos que el abismo del amor propio, la cueva del orgullo, ese agujero negro de egolatría infernal que tenemos dentro, nos devore, consuma, carcoma, provocando por ello el abatimiento, dolor, sufrimiento y ruina que nos atormentan.

 Realmente el orgullo es nada, es solo una imagen o máscara, una careta con la que el abismo se disimula, encubre, mientras nos devora o consume, y lo peor es que estamos contentos con ese orgullo, nos dejamos engañar.

 No solo nos dejamos engañar sino que defendemos la mentira oponiéndonos a la Verdad, eligiendo pasar por el mundo sin Dios, renegando de Su Revelación y eligiendo por ello permanecer a oscuras, enterrados en tinieblas volviéndonos parte de ellas.

Capítulo II
DEDICADOS A SÍ POR COMPLETO

 Considerar que el adversario es un astuto y perverso estafador con miles de años de experiencia en la materia, por ello es que sabe como envolver, confundir y engañar a las almas.

 Con su astucia y experiencia, estudia a cada uno y en su propio mundo personal, lo va aislando, encerrando, lo va conduciendo a que se centre en sí mismo y no haga otra cosa mas que pensar en sí.

 Realiza sugerencias, percibimos sus pensamientos y sentimientos queriéndonos influenciar, manipular, buscando disponer de nuestra vida, y si no lo rechazamos, si no buscamos a Dios, vamos a ser engañados y a acabar enterrados en el abismo propio pensando egoísta y obsesivamente solo y siempre en nosotros, ajenos totalmente de realidad, cerrados por completo al amor.

 Esto es así porque nos va conduciendo, arrinconando, encerrando, nos v imponiendo que anulemos la voluntad, que no amemos ni queramos hacerlo, que siempre estemos pendientes de nosotros mismos con miedo, angustia y preocupación.

 Siempre encontramos una excusa para no amar, algo que consideramos justo, bueno y conveniente para hacer lo que queremos, dar todo el amor al ‘yo’, practicar la egolatría, pensar solo y siempre en nosotros mismos.

 Nos hemos vuelto egoístas consumados, unos soberbios totalmente desamorados que no hacen otra cosa mas que pensar en sí mismos siempre.

 Solo admiramos nuestra imagen y toda atención se la damos a ésta, acabamos por adorarnos y no hacemos mas que pensar en nosotros mismos, teniendo siempre una muy oportuna excusa para bajar cortinas de hierro y no amar a nadie, ni a Dios, para no prestar atención, para dar nada y reclamar todo.

 Como somos egoístas, orgullosos y no hacemos mas que pensar en nosotros mismos, estamos buscando la oportunidad par ano prestar atención a nadie, la excusa perfecta para negarnos, no amar, encerrarnos, hundirnos y dedicarnos completamente a nosotros mismos, a satisfacernos, saciarnos, conformarnos.

 De la misma manera que el adversario no amamos, no queremos y solo nos dedicamos a adorarnos, admirarnos, servirnos y hacernos servir, demostrando así que el miedo, la preocupación por sí domina-impera-prevalece-reina.

Capítulo III
ANTICONVERSIÓN

 El miedo, la preocupación por sí, son excusas que usamos comúnmente para no amar a Dios, no mirarlo, no levantar la cabeza, y encima, para seguir dedicándonos a aquello que nos arruina, destroza y consume, alimentar el ego, practicar la egolatría.

 Sentimos miedo porque somos conscientes del vacío-abismo que tenemos dentro, y pensando solo y siempre en nosotros, buscamos una excusa cualquiera para hacer lo que egoísta y caprichosamente queremos, que es, no amar, no mirar, no prestar atención a Dios ni a nadie.

 De esta manera es que vamos haciendo del no amar ni querer hacerlo una costumbre, una constante, y encima, creyendo que esta bien porque nos dedicamos a nosotros mismos, que es lo que por miedo queremos hacer.

 Acostumbrados a no amar, estamos dedicados-consagrados por completo a llenarnos de orgullo-amor propio, a llenarnos de pus, podredumbre, de veneno y muerte.

 Si no amamos ni queremos hacerlo, no tenemos una voluntad real, verdadera, solo tenemos la carencia-ausencia de voluntad, la voluntad invertida en la que nos dedicamos a adorarnos, satisfacernos y donde nos consagramos por entero a nosotros mismos.

 No hacemos mas que lo que queremos, o sea, no amar y buscar ser amados, adorados, por ello es que cultivamos la imagen-apariencia-personalidad, porque la usamos para lo que queremos, para conseguir-obtener adoración, aceptación, reconocimiento, atención, etc.

 Así es como demostramos que somos egoístas, desamorados, miedosos, verdaderos caprichosos que no hacen otra cosa mas que lo que quieren, o sea, dedicarse a sí todo el tiempo.

 Llenos de orgullo-amor propio consideramos a Dios y a todos poca cosa, entonces, siempre encontramos una excusa para no amarlos y para dedicarnos a nosotros mismos no viendo que es así como nos estamos enterrando, hundiendo y desmoronando en el abismo que somos cuando amamos a Dios.

 Así es como tenemos la inversión de la voluntad, la anti-conversión, porque en vez de convertirnos y salir del abismo, nos enterramos en éste consagrándonos a ser eternamente egoístas, miserables, desamorados, verdaderos demonios.

Capítulo IV
ALMAS DESAMORADAS, ALMAS MUERTAS

 Almas muertas, completamente desamoradas y sin voluntad de amar son las que reptan sobre la faz de al tierra cual si de zombis se tratase, porque cada uno solo  siempre piensa en sí mismo dedicándose a cultivar el orgullo y a practica la egolatría.

 Incluso quienes dicen que adoran a sus hermanos y se desviven por ello, por lo general lo hacen por un deseo de reconocimiento y aceptación, con aires de superioridad, con la finalidad egoísta de ser tomados en cuenta.

 Matamos la buena voluntad, la exterminamos, ahogamos, sofocamos, simplemente porque no hacemos otra cosa mas que pensar en nosotros mismos siempre, sin remedio ni querer salir de ese abismo de egolatría miedosa.

 Aunque digamos amar a Dios, no lo hacemos en verdad porque no buscamos Su Voluntad, y si no lo obedecemos, ¿Cómo podemos decir que lo amamos?, solo inventamos un culto, una religión, una espiritualidad, algo que encima, decimos que le agrada a Dios.

 Si buscásemos a Dios, si discerniéramos su Voluntad, realmente estaríamos manifestando la voluntad de amarlo, estaríamos generando buena voluntad, y eso haría entrar aire fresco en el alma, sería una puerta abierta por la que entraría la Presencia de Dios.

 Como no amamos a Dios en verdad ni nos interesa hacerlo, continuamos cerrándole las puertas, seguimos dejándolo afuera de nuestra vida con el agravante de decir que lo tenemos, volviéndonos por ello, egoístamente consumados en la perdición, terroríficamente encerrados en el abismo, abominablemente postrados en tinieblas.

 El alma que no ama a Dios es un alma muerta, esta desolada y se halla encerrada en sí misma mirándose, lamentándose, preocupándose, dedicándose a hacerse adorar suponiendo que así se librará de los tormentos que padece.

 No ve que al obrar de esa manera solo se esta hundiendo-encerrando mas en sí misma, y por ello, volviendo mas estrecha, miserable, oscura y deforme.

 El alma que no ama ni quiere hacerlo, esta muerta porque el amor es la vida. Esto es así porque Dios Es Amor y Dios Es La Vida, entonces, el alma que ama y quiere hacerlo, tiene a Dios, tiene Vida-Amor.

Capítulo V
¿CÓMO HACE satanás PARA QUE LAS ALMAS NO AMEN?

 Llenos de orgullo, admirándonos, absortos en la evasión desamorada de la fantasía que queremos creer sobre nosotros mismos, no vemos ni entendemos, permanecemos ajenos totalmente a la realidad realizando esfuerzos para rechazar continuamente la Verdad.

 Así es como nos cerramos y oponemos a la Salvación, volviéndonos tan obtusos como para querer creer que Dios nos da la razón mientras nos estamos convirtiendo en abismos desolados, muertos desamorados que no hacen mas que pensar en sí mismos siempre con absoluta exclusividad.

 Esto pone en evidencia el miedo, el dominio que ejerce el miedo, como la preocupación por sí va tomando, envolviendo y atrapando al alma. No vemos, pero esa tiniebla húmeda penetra hasta los huesos helando el corazón y anulando la voluntad de amar.

 Poco a poco nos vamos enfriando, simplemente porque solo pensamos en nosotros mismos y nos dedicamos a adorarnos.

 Lo verdaderamente grave es que las almas ni siquiera se dan cuenta que se van enfriando, matando, suicidando, encerrando en sí y ahogando-sofocando, porque creen que están obrando bien al hacerlo.

 Esto sucede porque se convencen de que otros merecen ser odiados, condenados, despreciados, etc., dejando por ello a salvo el orgullo, defendiéndolo, eligiéndolo, preservándolo, conservándolo.

 La trampa del adversario, de satanás es esta, es simple, no inclina a odiar abiertamente, sino que va llevando a que las almas se cierren-encierren, que piensen solo y siempre en sí mismas y ahí se ahoguen.

 Para esto las envuelve, les transfunde su miedo, a la vez que les va sugiriendo que defiendan su orgullo y se dediquen al amor propio no amando a nadie ni prestando atención a mas nadie que a sí, al yo-ego-orgullo.

 Ahí es que las almas mueren ahogadas en amor propio que generan para conformar el orgullo, o sea, con el amor que le niegan a Dios y a todos.

 De esta manera es que logra satanás que las almas le pertenezcan, que no amen a dios ni quieran hacerlo, incluso llegando a estar plenamente convencidas de que es necesario dedicarse a pensar en sí mismas todo el tiempo.

Capítulo VI
AL DARNOS NADA, NOS DA TODO

 Queremos convencernos de que no es justo amar, y la verdad es que no es justo, pero eso no es excusa como creemos para dejar de hacerlo.

 Defendemos el orgullo y creemos que sería justo amar a alguien como nosotros, cuando en realidad, no dejamos de buscar defectos en los otros para no amarlos, suponiendo así tener la excusa para creerlos inferiores o imperfectos, y por lo tanto, dignos de ser odiados, despreciados, rechazados, no amados.

 En el fondo la vedad es que deseamos dedicarnos al orgullo, no hacemos mas que consagrarnos al egoísmo, no amamos ni queremos hacerlo, por ello solo tenemos verborragia infernal, un cúmulo de palabras inútiles en las que finimos amor, interés, preocupación, pero solo y siempre pensamos en satisfacernos, saciarnos, conformarnos.

 No es justo amar, el amor siempre es mas allá de lo justo, si fuese algo justo o debido, darlo sería un deber, sin embargo, amar es gratuito, es un honor y es un mérito.

 El alma que ama a Dios verdaderamente, adquiere méritos, porque no se ama a Dios en verdad cuando se lo hace por gusto, interés, esperando algún tipo de compensación o rédito de su parte o de otros.

 Cuando seguimos al Señor en medio de dificultades, tormentos, dolor, contrariedades, amamos verdaderamente a Dios. Cuanto mas es contrariada la propia voluntad, mas amor estamos dando a Dios si perseveramos, si dejamos de lamentarnos por nosotros mismos y continuamos dándole todo por nada.

 Sin embargo, con Dios nada es por nada, cuando Él nos deja el a voluntad en ayunas, cuando no tenemos nada, estamos recibiéndolo todo, simplemente porque ahí es donde nos puede dar su Puro Espíritu, Su Verdadero y Simple Amor.

 Cuando parece que da nada, lo esta dando todo porque se esta dando Él mismo, por ello es que, si lo seguimos en un Camino en el que no cosechamos en el mundo otra cosa mas que odio, desprecios, acusaciones, persecuciones, etc., por amarlo a Él, servirlo, seguirlo, obedecerlo, debemos alegrarnos porque tenemos a Dios, al mismo que el mundo odia, rechaza y no tiene.

 Comprender acá entonces, si el mundo odia a Dios y nos odia por amar a Dios, entonces, tenemos a Dios, porque al odiarnos, lo odian a Él que lo ven en nosotros.

Capítulo VII
ESTADO CONTINUO DE MUERTE

 ‘Mi vida esta arruinada, acabada, destruida’, dice el alma escandalizándose, llenándose de amargura, tristeza y sinsabor, hundiéndose en el abismo desolado de su ser desamorado y en avanzado estado de descomposición.

 Esto sucede cuando tropieza, padece alguna dificultad o tiene algún tipo de limitación, considera que es el fin del mundo y enloquece, solo conoce dolor y no halla la salida al infierno que padece en su interior.

 En vez de hacer escándalo, y en vez de buscar culpables afuera, debería ver que ella misma se lo ha causado-provocado, simplemente porque eligió no amar, porque prefirió dedicarse al orgullo,  sin considerar que el orgullo es una pompa de jabón, es humo, nada.

 Un alma egoísta, cerrada, perversa y caprichosa, se dedica a así misma, al orgullo, pero tarde o temprano ese orgullo se cae, desmorona, es como la torre de babel, y es ahí donde bebe la amargura de su propia podredumbre porque se ve-conoce a sí misma en su ser real sin engaño, sin mentira.

 Esto pude suceder por enfermedad, dificultad, pérdida, etc., y sea algo propio como ajeno, relacionado, por ejemplo, una persona adora a otra dedicándose a satisfacerla solo porque así pretende asegurarse ser amada, correspondida, tomada en cuenta y no despreciada.

 Todo parece marchar bien, incluso hasta cree esa persona tener el cielo en la tierra o tocar el cielo con las manos, pero la verdad es que se esta convirtiendo en una egoísta servil y miserable, una verdadera desamorada que por miedo, pensando en sí misma, hace cualquier cosa buscando asegurarse el ser amada.

 La cuestión es que se trata de algo precario, entonces, se cae, derrumba, desmorona, es algo perecedero, tiene fecha de vencimiento, y al fallecer esa persona adorada, por ejemplo, la adoradora pierde su vida-mundo, todo se desmorona, ve trastocada su vida de manera irreparable.

 El problema es que no comprende ni quiere ver que ahí puede liberarse de la mentira, del auto engaño, de esa egoísta dedicación a sí misma, ahí puede levantar la cabeza y comenzar a buscar a Dios.

 En tal situación el alma es encerrada por el adversario que la convence de que debe estar amargada, sufrir, padecer, que no debe conocer mas que tristeza, miedo y preocupación.

 Si el alma no hace un esfuerzo por su propio bien, permanece el resto de su paso por el mundo arrastrándose, lamentándose y viviendo como muerta, solo y simplemente porque eso quiere.

 El muerto es el orgullo, el buque que se hunde, ese lastre que no queremos soltar, abandonar, olvida, el que nos esforzamos por sostener no considerando que lo hacemos entregándole la vida y sometiéndoos a un estado continuo de muerte.

 Tendría remedio, solución ese estado de muerte continua, porque aun estamos en el mundo y aun El Señor puede Salvarnos, Resucitarnos, pero no queremos, como tontos preferimos continuar perdidos en tinieblas.

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