29 de noviembre de 2013

Lección Nº 543, AMOR AL PRÓJIMO VERDADERO



Lección Nº 543, AMOR AL PRÓJIMO VERDADERO

 Amamos al prójimo verdaderamente cuando obedecemos a Dios, porque así es como colaboramos en Que Él Venga al mundo por hacerlo a nuestra alma, y si permanece en la creación, es para el Bien Verdadero de muchos.

 Si nos atamos a otros que son y desean ser desamorados, o que se conforman con amar poco mientras se empeñan y dedican mucho a hacerse amar, también nos hundimos y permanecemos en tinieblas.

 No es por amor al prójimo verdadero que nos solidarizamos con sus vicios e indiferencia a Dios, si otros quieren perderse, que se pierdan, si quieren estancarse, que se estanquen, pero no vamos a salvar a los que no quieren salvarse, solo por orgullo corremos a buscar a estas almas y fingimos que nos preocupamos por éstas.

 La verdad es que ahí nos lleva el adversario, porque es él el que esta desesperado por ser adorado, aceptado, tomado en cuenta, entonces busca a quienes se creen olvidados por Dios, cuando la vedad es que ellos se han olvidado de Dios y no desean eliminar esa rebeldía.

 Desesperados por lograr que otros adoren nuestro orgullo, aquello de lo que estamos satisfechos, nos ofrecemos a hacer cualquier cosa como lo hace satanás, llegando por ello a ser anticristos que finen poder dar a las almas lo que quieren.

 Dios no conforma a las almas, no cumple caprichos, no las ayuda a continúen siendo egoístas enroscadas y ahogadas en sí mismas, Dios educa a las almas y les enseña que, en medio de las dificultades, deben abandonar su orgullo y desamor para comenzar a buscar El Reino de Dios.

 El prójimo es como nosotros, y como nosotros debe convertirse, renunciar a si, a sus vicios, comodidad, indiferencia, orgullo, desamor, caprichos, ambiciones, rebeldías, etc., si quiere dejar de sufrir y de padecer las tinieblas, la ausencia de Dios, si quiere dejar de continuar perjudicándose inútilmente.

 Es por rebeldes caprichosos obtusos y desamorados que renegamos de lo que otros padecen y nos dedicamos a tenerles lástima, compadecerlos y a compartir sus rebeldías, desamor, hundiéndonos en su olvido de Dios.

 A cada cual sus penas, no hay mayor amor al prójimo que el de ayudarlo a que salga de su abismo de egoísmo y desamor, de su indiferencia a Dios, nada bueno hacemos cuando le tenemos lástima o cuando nos hundimos con éste en su abismo de rebeldía contra Dios.

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