23 de junio de 2013

3.3. LA REINA CERDA ACUSA



3.3. LA REINA CERDA ACUSA

 Estamos muy orgullosos y satisfechos de nosotros mismos, encerrados y evadidos en una fantasía, nos hemos convertido en alienados voluntariamente que solo tienen presunción, delirios, de manera que andamos errantes sobre la faz de la tierra como lunáticos.

 Hemos extraviado el rumbo porque hemos dejado de mirar a Dios y de prestarle atención, así es que nos enterramos-internamos en tinieblas y solo podemos ver abismos, vacío, desolación, un valle de tormentos-lamentos, donde todos padecemos por la ausencia de Dios, la gran oscuridad abatida sobre la tierra.

 Tenemos que hacer un esfuerzo-sacrificio y levantar la cabeza como lo dijo El Señor, bendiciendo a El Que Viene en El Nombre del Señor, lo que significa, recibiendo Su Revelación que es la mejor forma de bendecir al Señor, lo que Él da-envía, al Que Él Envía.

 No sirve de nada decir, ‘Señor, Señor, Señor’, no sirve de nada bendecirlo y alabarlo con la boca si no colaboramos en Su Revelación, en Que Se Haga Su Voluntad en nuestra vida, porque ahí esta la verdadera bendición y alabanza a dios, obedecerlo, hacerle caso, prestarle atención, dejar de ser un renegado rebelde orgulloso y presuntuoso que solo se preocupa por sí mismo y que se obsesiona por hacerse oír por Dios cuando no quiere escucharlo.

 Dijo El Señor que ya sabe lo que necesitamos antes que lo pidamos, incluso conoce lo que vamos a pensar, es decir, nuestro pensamiento antes que lo conozcamos nosotros mismos, de manera que la mejor oración es escucharlo, mirarlo, prestarle atención, rendirse, renunciar a sí mismo colaborando en Que Se Haga Su Voluntad.

 Él Es Dios y como tal, Primero Es Él, esa debe ser la actitud respecto a Dios, porque si queremos ser primeros nosotros, si estamos desesperados por hacernos oír, obedecer, por lograr que nos preste atención, sirva, haga caso, etc., nos estamos perdiendo, ahogando, naufragando en la propia preocupación egoísta y desamorada.

 Comprender acá la razón de la necesidad de una verdadera conversión, tenemos que dejar de preocuparnos inútilmente por nosotros cuando Dios puede y quiere ocuparse bien y aun mejor que lo que podemos y queremos. Hay que aprender a olvidarse de sí, dejar de renegar, de hundirse, de prestar oídos al adversario que solo busca perturbarnos, engañarnos, que quiere hipnotizarnos para controlarnos.

 La hipnosis infernal consiste en que nos revela el perverso sus pensamientos, nos transmite sus sentimientos y nos impone así su inmundo, asqueroso, repugnante y abominable ser que es no-ser, es decir, nos hunde-abisma en nosotros mismos, impone que nos preocupemos con exclusividad y egoísmo no queriendo prestar atención a nadie.

 En los momentos difíciles, turbulentos y confusos, el perverso aprovecha para golpearnos a traición, atacarnos por la espalda, es como una maldita prostituta histérica sumamente preocupada por sí que en su obsesión, enloquece a quien domina, controla, maneja y usa, de quién dispone a su gusto.

 Lo llevamos colgado, tiene acceso a nosotros y nos enloquece si le prestamos atención, porque dice y finge defendernos-protegernos, pero en realidad solo le interesa proteger-defender su maldita posición, su dominio y control, por eso hace berrinches, escándalos y nos agobia-agota con exigencias.

 No cesa de querer controlarnos, de imponerse, solo piensa en sí mismo, o en ella misma, debido a que el perverso entra en nosotros por la muerte eterna, el espíritu de la muerte eterna que es el orgullo, el vacío, la desolación, la falta de amor a Dios.

 Este espíritu maldito inmundo y perverso, es como petróleo derramado sobre el alma y también en su interior, controlándola, fingiéndose protector, pero, como tiene animación propia, tiene fines propios y solo usa al alma en su beneficio, para consumirla, devorarla, estropearla, corromperla, es como una red infernal que la aplasta y la arrastra al abismo debilitándola para que ceda.

 Ante Dios esa peste negra en el alma, el maldito espíritu de la muerte eterna, se rebela, escandaliza, histeriquea. Solo esta tranquila la cerda, la muerte, el espíritu de la muerte eterna, cuando domina, reina, impera, controla, pero, como es una maldita cerda histérica y miedosa, la verdad es que no esta tranquila nunca, por lo que molesta, perturba, histeriquea, hace berrinches, escándalos y exige lo contrario de lo que es, obediencia, pues es pura rebeldía, oposición a Dios, desconocimiento y negación de Él.

 La muerte eterna, es el espíritu de orgullo-amor propio, es ese vacío inmundo y despiadado que tenemos en el interior, la rebeldía misma contra Dios, la negación que hacemos de Él constantemente al decir-pensar-sentir ‘yo soy’, y vivir y obrar en consecuencia en forma habitual, continua, desesperados por prevalecer e imponernos.

 No vemos que mientras que estamos desesperados por imponernos, reinar, prevalecer, por decir y hacer, ‘yo soy’, lo que en realidad ocurre es que la muerte nos esta dominando.

 Considerar que es lógico que la cerda se rebele, oponga e histeriquee haciendo berrinches, escándalos, etc., cuando queremos prestar atención a Dios, se pone celosa, se siente despreciada y ataca, muerde, clava puñal a traición exigiendo obediencia, pertenencia, postración.

 Tal puñal a traición es la culpa, son las acusaciones que hace para lograr hacernos retroceder, para que volvamos a la oscuridad, tinieblas, para que nos sometamos y postremos a sus pies, para que queramos ser orgullosos otra vez, es decir, para lograr que volvamos a tenerla como reina.

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