22 de junio de 2013

2.6. EL MIEDO INFUNDIDO POR EL ADVERSARIO



2.6. EL MIEDO INFUNDIDO POR EL ADVERSARIO

 ‘Yo acá estoy bien, tengo lo que necesito, ¿Para qué me voy a meter en preocupaciones inútiles?’, dice un alma que esta sumida en tinieblas, absorta en el miedo esforzándose por convencerse de que no necesita confiar en Dios, creer en Él, que no tiene que hacerle caso ni prestarle atención.

 Tal razonamiento, es como el de aquel que se construyó una vida sin Dios exitosa en el mundo y totalmente dedicada a sí mismo, sin pensar que esa misma noche le era reclamada su alma.

 Las almas con miedo, preocupadas por sí, es decir, sin Dios, buscan la falsa seguridad de querer creer que están seguras, de que no hay problema alguno y de que todo esta y estará bien, por ello acaban por volverse voluntariamente ciegas

 Esta estupidez cobarde hace de complicidad para que satanás y los suyos puedan hacer lo que quieran aun a simple vista, en pleno día, porque no hay peor ciego que el que no puede ver.

 Desgraciadamente, las almas así, terminan por abrir los ojos cuando ya es muy tarde, cuando se hallan en pleno abismo, cuando llega la gran inundación, cuando cae el cielo, cuando están ante un diluvio de castigos, es decir, cuando son traicionadas por sus supuestos amigos y aliados, aquellos que adoraron como salvadores, protectores, etc.

 Notar lo que ocurrió  ala gente en el tiempo de Noé, se burlaban de éste, le hacían la contra, pero la inundación llegó, el diluvio no paró y se ahogaron irremediablemente.

 El miedo, la preocupación por sí nos lleva a querer creernos falsamente seguros, a esforzarnos por mentirnos y engañarnos, de manera que tenemos un traidor adentro que nos hace creer que nada sucede, que nada ocurrirá, para que nos desenfrenemos, enorgullezcamos, volvamos arrogantes y presumidos, pero, cuando menos lo esperamos, llega el golpe a traición, un baldazo de agua fría, un telón de acero golpeando en la nuca y decapitando, impidiendo que seamos dueños de nosotros mismos y pasemos a ser esclavos de satanás manipulados como marionetas.

 Que la mayoría de las almas se encuentre en decadente estado espiritual, no significa que todas se hallen corruptas y sean desamoradas, siempre hay un resto, siempre Dios se reserva un resto o minoría fiel, incluso, como dice G. Orwell en su novela distópica “1984”, ‘una minoría de uno solo’.

 Este resto o minoría fiel, es el que ama a Dos en verdad, aquellas almas esparcidas por el mundo que renuncian a su voluntad propia para que en ellas, en su vida, Se Haga la Divina Voluntad, y de esta manera Dios Viva y Reine, triunfe y Vuelva, porque si entra en estas almas, entra en el mundo por medio de ellas en las que Se Halla Vivo y Presente, cual Llama Ardiente de Luz-Vida-Verdad.

 Por el amor que éstas almas le dan al Señor aceptándolo, recibiéndolo, buscándolo, queriendo pertenecerle, Él puede estar, Venir, Volver, Permanecer, etc., realizando así su triunfo, del que solo son partícipes aquellos que creen, para el resto son las tinieblas de afuera donde el llanto y rechinar de dientes, donde solo hay vacío y desolación, muerte, frío e imperio de satanás, el que, sintiendo miedo y preocupación por sí ante la nueva Presencia misteriosa de Dios en el mundo, se pone mas histérico e insoportable.

 No dice Dios al adversario lo que hace o va a hacer, y como el perverso permanece encerrado en tinieblas, no ve, ni puede ver a Dios ni aun teniéndolo delante, debido a que, si lo pudiese ver saldría de su infierno lo que es imposible porque ya se ha perdido para siempre.

 Así es que, por medio de las almas que han creído al Señor y lo han recibido dejándose mortificar por Su Revelación, corregir, crucificar, liberar del orgullo, El Señor puede encontrase Vivo y Presente en el mundo, y si bien el adversario no puede verlo, lo presiente, entonces, e llena de miedo, se preocupa aun mas por sí, teme por su reino-dominio, y es ahí donde se pone rígido, exigente, se vuelve severo y sumamente caprichoso y perverso.

 Esto quiere decir que atormenta mucho mas a las almas, se vuelve paranoico, se persigue y exige obediencia, se cree traicionado y él mismo castiga a sus colaboradores imponiendo un régimen de terror redoblado en el que hace sufrir y padecer castigando a las mismas almas que él rebeló contra Dios, aquellas que se dejaron seducir y engañar.

 Es así como las almas que eligieron ser sin-Dios, las que no aceptaron al Señor en su Revelación, conocerán ahora tormentos indecibles, pues el adversario tiene miedo, esta preocupado por él mismo y se defiende volviéndose mas exigente, severo, rígido, perverso, despiadado.

 Las almas que no eligieron a Dios, eligieron al adversario, las que no quisieron renunciar a sí mismas por amor a Dios, le abrieron la puerta al enemigo, así es que lo tienen adentro, por ello pueden sentir lo que él siente, padecer lo que él padece, de manera que, si el adversario tiene miedo ante la nueva presencia de Dios que no logra comprender, las almas a él adheridas, sometidas, también sienten miedo, se preocupan y ven oscurecer su vida, porque el adversario presente en ellas, esta preocupado y les transfunde su preocupación por sí creciente.

 No comprende el adversario la razón, no entiende, y por supuesto que Dios no le explica, no le revela, ni le avisa nada, entonces, se desespera y en su mismo miedo termina arruinándose él mismo, porque desesperado, nervioso, histérico, destruye lo mismo que ha construido y mata a sus mismos colaboradores.

 No entiende la razón de percibir una nueva Presencia de Dios cuando él mismo se ha encargado de hacerlo odiar y rechazar tanto en el mundo como en las religiones imponiendo la fe en sí, el orgullo, el amor propio, la preocupación por sí, etc.

 No ve, ni puede ver Que El Señor Vuelve espiritualmente y lo hace por medio de aquellas almas que lo aceptan, reciben, que lo aman verdaderamente entregándose totalmente a Su Voluntad.

 Para no quedar confundidos y no ser arrastrados a oponemos a Dios aun no queriendo, debemos renunciar a todo orgullo, orar, buscar a Dios, pedirle que Revele la Verdad, entregarnos a Su Voluntad.

 Es bueno orar así, “Que retrocedan las tinieblas, y que surja La Luz, en El Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, Amén”, o, “Que surja La Verdad, que se aparten sus enemigos y que huyan ante su faz los que la odian, en El Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, Amén”.

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