22 de junio de 2013

2.4. LOS DONES DEL ADVERSARIO SON TRAMPAS



2.4. LOS DONES DEL ADVERSARIO SON TRAMPAS

 Al ascender satanás del infierno colgándose de las almas, es evidente que, por su excesivo peso, las hunde, precipita, las entierra mas en tinieblas, o sea, las corrompe, vacía. Se las devora y consume, les quita vida y las empuja así a que padezcan el vacío y la desolación, la carencia de vida y se desesperen por hacerse adorar.

 Así como sostenemos a políticos corruptos que solo piensan en sí mismos y recaudan impuestos para la corona, los bancos y entidades financieras, espiritualmente con nuestro sufrimiento estamos sosteniendo un imperio-reino de tinieblas, el de satanás y sus demonios, los que pueden permanecer instalados en el mundo porque son socios-cómplices de las almas.

 Cada uno en su vida padece un vacío, una desolación, mucho mas grande y grave que la que ya padecía, porque al presentarse el adversario obre la faz de la tierra, quiere intimidar, asustar e imponer obediencia, respeto, así es que se hace adorar e intimida  alas almas para que lo obedezcan a la vez que las consume, las vacía, las priva de vida.

 Notar que es un círculo vicioso, cuanto menos amamos a Dios, mas poder tiene el adversario, y por ello mas puede atormentarnos, dominarnos y someternos, de manera que, para volver a Dios, se hace mas difícil, debido a que puede el perverso imponer su voluntad y maltratarnos o castigarnos mas.

 Que sea difícil amar a Dios y confiar en Él verdaderamente, no quiere decir que sea imposible, así como, que el adversario quiera imponernos que no amemos a Dios y no confiemos en Él, no significa que debamos hacerle caso, creerle o someternos, es un maldito cerdo preocupado por él mismo al que nadie tiene que obedecer, es un perdido y perdedor y la muerte es para todos los que lo siguen y pertenecen a su bando o partido.

 El alma que quiere amar a Dios, tiene en Jesús Un Salvador y en Espíritu Santo Un Defensor-Paráclito, mientras que el alma que no quiere, que estúpida, tonta y cobardemente quiere encerrarse en sí misma, solo va a conocer vacío, desolación, muerte y todos los tormentos propios de pertenecer por voluntad, elección propia, libre determinación a satanás y a la muerte eterna que es su reina.

 El alma que no elige a Dios, que no acepta Su Voluntad y reniega de Él, no puede defenderse contra las imposiciones, caprichos, demandas y exigencias del adversario y de la muerte eterna, porque tiene a ambos enemigos adentro instalados, reinantes, imperantes, es decir, si no amamos a Dios verdaderamente, siguiéndolo en El Camino de Su Voluntad, tenemos en el interior el reino del adversario instalado y por lo tanto lo tenemos a éste imperando.

 Con el enemigo adentro, no podemos defendernos contra las imposiciones, caprichos, exigencias, demandas, etc., que desde afuera hace, porque el vacío, la desolación, la muerte, la falta de Dios en el interior, se nos impone y nos arrastra a hacer o no hacer aquello que el adversario quiere.

 El alma sin un verdadero amor a Dios, sin fe, hundida en sí, preocupada por sí, no es dueña de sí misma como quiere creer, sino que es esclava, porque la muerte eterna y espiritual que tiene adentro, le hace hacer lo que el adversario le pide-exige-impone desde afuera, dándole origen en su interior, a un espíritu de orgullo-amor prioo que es un verdadero hijo de satanás, el anticristo personal, el ídolo invasor instalado en el templo.

 No amando a Dios, no creyendo en Él, no aceptándolo, creemos cualquier cosa que el adversario nos quiera hacer creer, estamos ajenos totalmente a la realidad y es así como puede hacernos correr en determinada dirección, lógicamente, siempre lejos de Dios, nos hace huir espantados de la oportunidad de amar, renunciar a sí mismo y confiar, imponiéndonos que nos dediquemos a hacernos adorar, obedecer, servir, suponiendo que eso es bueno, salvación, o siquiera que lo obtendremos.

 Aun lo que queremos o queríamos, lo terminamos abandonando por imposición del adversario, lo perdemos por falta de Fe, porque dejamos de creer en Dios, dejamos de confiar en Él y vemos-creemos lo que el miedo, la preocupación por sí, la muerte, el adversario en éstos sentimientos, nos quiere hacer creer, que es imposible creer en Dios, confiar en Él, esperar y perseverar.

 Ahora es visible como las almas que se creyeron muy fuertes, autosuficientes, duras, capaces de todo, se quiebran, quebrarán como cántaros de arcilla, se ponen a llorar de miedo y se desmoronan dándose a la tristeza, melancolía y dejándose tomar por el miedo por completo, porque no tienen defensa.

 Las almas que renegaron de Dios, que rechazaron la oportunidad de negarse a sí y de amar verdaderamente, quedan cubiertas, sepultadas por las tinieblas que aumentan, las que, por otro lado, contribuyen a que sigan aumentando, porque se dejan vencer y se cierran, negándose a amar, a confiar en Dios, a creer en su Amor.

 Las almas que se creían seguras, fuertes y capaces, que se fingían autosuficientes en el mundo, ahora ven como su alineación, como sus fantasías, esos caprichos y rebeldías a los que no quisieron renunciar y de los que no quisieron liberarse, ser corregidas por Dios, se les vuelven en contra y llegan a ser un horrendo tormento, porque el enemigo primero da, hace a las almas cómplices, y después, retira, saca, quita de un golpe para postrarlas en tinieblas.

 El don del adversario siempre es una trampa, da algo y seduce al alma, porque le impone que se olvide de Dios, reniegue de Él, luego, saca eso que dio, o impuso, para decir que es Dios el que castiga, porque su objetivo fue siempre tender esta trampa para hacer creer a las almas que Dios es malo y tiene la culpa de todo, ya que lo que busca es imponer que Dios sea odiado.

 El alma que no creyó antes en Dios, ahora, en la dificultad, ante su edificio que se derrumba sobre sí, muy difícilmente lo hará, conociendo entonces horas de dolor y sufrimientos terribles, de los que no escapará si no hace un real esfuerzo-sacrificio por convertirse, y que por ello pasarán a ser irremediablemente eternos.

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