22 de junio de 2013

1.6. DIOS OBRA SIEMPRE BIEN



1.6. DIOS OBRA SIEMPRE BIEN

 El peor apego es siempre a uno mismo, es la raíz u origen de todos los apegos, porque éstos, son solo para asegurarnos ser saciados, conformados, para vernos satisfechos en el orgullo, adorados en el ego.

 Como solo pensamos en nosotros mismos, no podemos ver otra cosa, y como así nos hundimos en el abismo, no podemos ni queremos ver otra cosa, de manera que somos y seremos esclavos de nosotros, eternamente dedicaos a tratar de satisfacernos, conformarnos, saciarnos, sin llegar a lograrlo nunca, pues para hacerlo verdaderamente, deberíamos convertirnos, hacer exactamente lo contrario de lo que hacemos, es decir amar.

 Somos y seremos egoístas porque no consideramos al Seño, no dejamos a Dios espacio, no le damos tiempo, no le permitimos estar en nuestra vida, y mucho menos le permitimos disponer de ella.

 Esta es la cuestión principal, el nudo de la cuestión, ya lo dijo El Señor, el que pretende guardar su vida para sí la pierde, y es así que tales personas, esas que son egoístas, miserables, o sea, apegadas a sí mismas, pierden la vida y se pierden, se extravían en tinieblas.

 Aquellas almas que se niegan a prestar atención al Señor, que se apegan a sí, quedan en tinieblas, por ello, pierden su vida, dado que al permanecer en tinieblas se la devoran, autoconsumen, a la vez que se hallan expuestas al adversario y los demonios, que son los que aprovechan a devorarlas cual si de pirañas se tratase.

 Esas cuestiones se refería El Señor al decir que querer conservar la vida para sí es perderla, fue delicado, podría haber dicho que era consagrarla directamente al adversario y a la muerte eterna.

 Tenemos que aprender a invertir la vida, es el bien mas preciado que tenemos para ‘negociar’, y porque enterramos este talento, acabamos poder perderlo, debido a que lo enterramos-internamos en tinieblas negándoselo a Dios, no prestándole atención al señor e impidiéndole a Él hacernos El Bien Verdadero.

 Dios no nos va a perjudicar, si tememos a Dios y desconfiamos de Él es porque nos hemos convertido en adversarios suyos, es porque esperamos ser amados, adorados, tomados en cuenta, de manera que somos adversarios y rivales, competidores, de ahí la desconfianza.

 Si Dios nos pide que le entreguemos la vida, no separa robárnosla, de hecho Él nos la Creó, nos la dio, es para multiplicarla como hizo con los panes y pescados que se le ofrecieron, pero, si nos apegamos a nosotros y deseamos conservarla, nos apartamos de Dios y nos dedicamos a tratar de conformarnos, saciarnos, etc., exigiendo a otros como y con demonios, que nos adoren.

 Dios no nos va a quitar ni a amargar la vida, al contrario, Es Nuestro Padre, nos va a dar una vida nueva, pura, santa, feliz, llena y rebosante, como dijo El Señor, una medida única, debido a que Dios mide en porcentajes para ser justo, es decir, si le damos media vida, nos da media Vida suya, si le damos un cuarto recibimos un cuarto y si le damos todo, recibimos todo.

 Darle todo a Dios, no es perder todo, sino ganarlo, es comenzar una vida nueva, y lo hacemos consagrándonos a Él, permitiéndole que Venga-Vuelva, o sea, Que Haga Su Voluntad y colaborando en Que Triunfe y Reine.

 Diariamente debemos colaborar con El Señor para permitirle Que Venga-Vuelva a nuestra vida, no dejándonos seducir por el adversario, engañar por sus trampas y maniobras infernales, debido a que él no quiere que nos acerquemos a Dios, porque de hacerlo, lo conoceríamos el amor brotaría espontáneamente, como cuando una madera arde por combustión espontánea al hallarse cerca del fuego.

 Debemos aprender a tener paciencia a Dios, porque así es como amamos a Dios, y ahí es donde debemos dejarlo hacer Sus Obras en nosotros, y en el mundo por medio nuestro, porque lo que queremos, necesitamos y nos hace falta, eso que consideramos nerviosa e histéricamente, ansiosamente, como urgente, es secundario y va por añadidura, llegará con el tiempo.

 Debemos aprender a renunciar a nosotros, a posponernos, no intentar conseguir por nosotros mismos lo que deseamos, porque ahí sería por orgullo y lo perderíamos. Debemos aprender a posponer el orgullo, el deseo propio, porque ahí lo sacrificamos para Que tenga Vida El Señor.

 Si nos dedicamos a buscar lo que queremos, nos olvidamos completamente del señor, prescindimos de Él, o lo que es peor, queremos disponer de Él, usarlo, emplearlo para que colabore con nosotros y nos procure lo que queremos, de manera que acabamos siendo igualmente egoístas, indiferentes, etc., como los que directamente no tienen Fe.

 Esta es la razón por la que hay que aprender a esperar, el motivo por el que no debemos elegirnos primero, por el que hay que tener paciencia a Dios, renunciar a sí mismo y ahí confiar verdaderamente en Él, no solo por y para nuestro Verdadero y Eterno Bien, sino también por y para el de muchos que se verán igualmente beneficiados por El Paso del Señor.

 Dios no pierde el tiempo, ni esta distraído, somos nosotros los que tenemos miedo y desconfiamos, los que nos preocupamos con el transcurso del tiempo y todo lo cuestionamos. Dios Obra Bien y por ello lleva tiempo, y aunque no veamos cambios sensibles, tangibles, Él esta moviéndose, obrando, interviniendo, haciendo primero lo esencial, lo espiritual, luego el resto será consecuencia de las nuevas realidades espirituales, de los verdaderos cambios que son y serán siempre en el espíritu.

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