22 de junio de 2013

1.4. ESPEJISMOS ENGAÑOSOS



1.4. ESPEJISMOS ENGAÑOSOS

 No queremos tener Fe, no nos interesa, no nos importa, tenemos la excusa perfecta, en el mundo como esta construido en estos tiempos, Dios prácticamente no existe, ha sido borrando, ocultado y deformado, las tinieblas cubren la faz de al tierra como a las almas embotadas en vicio, corrompidas, aniquiladas, estropeadas.

 Se ha desvirtuado y deformado todo, no queda nada, ya casi hasta el recuerdo de Dios ha desaparecido, porque se ha impuesto la revolucionaria dictadura de satanás en la creación, así es que Dios es visto como inútil, innecesario y hasta un problema, obstáculo, enemigo, alguien a quien esta bien odiar.

 Como cuesta amar a Dios en verdad, es fácil descartarlo, queremos hacerlo, y como encima demonios y mundo desde afuera nos dicen que esta bien hacerlo, desechamos a Dios sin reparo, sin la más mínima consideración, de manera que escupimos en el rostro del Señor como lo hacían durante la Pasión.

 Renegamos de Dios, prescindimos de Él, nos oponemos a su Voluntad y no vemos que eso que consideramos como bueno, justo, necesario, es la causa misma por la que estamos angustiados, nerviosos, desesperados, ansiosos, atormentados, etc.

 Como despreciar a Dios, renegar de Él, olvidarlo, negarlo, etc., esta de moda, se hace, y como todos lo hacen, se presume que esta bien, pero es una reverenda estupidez, lo que esta de moda es la estulticia humana donde adoramos a satanás en el lugar de a Dios para la propia ruina.

 Nos esforzamos por atarnos al mundo y a otros, por permanecer ajenos a Dios, por prescindir de Él y por convencernos de que es posible, de manera que neos estamos esforzando por engañarnos.

 Nos esforzamos por llevar una vida que en realidad es apariencias de vida, porque es vanidad, superficialidad, engaño, mentira, donde tratamos de lograr ser amados, adorados, obedecidos, atendidos, tomados en cuenta, etc., fingiendo a la vez interés por otros, pero no saliendo nunca del abismo propio, del autoencierro, del sepulcro, de la brutal e indiferente abominación desoladora.

 La verdad es que no amamos, ni queremos, solo nos preocupamos enfermiza y egoístamente por nosotros, por el orgullo, por lograr ser adorados, y desgraciadamente vamos a seguir preocupados porque no hacemos nada verdadero, real y definitivo para remediarlo, es decir, no amamos, ni queremos, no nos convertimos, no salimos del abismo.

 Podemos suponer-creer que es fácil y posible pasar sin Dios por el mundo, pero la verdad es que no se puede, es imposible y lo estamos viendo, comprobando, simplemente no queremos reconocerlo ni aceptarlo, por ello puede el adversario tendernos trampas y volvernos orgullosos, rebeldes, renegados y desamorados, nos dice lo que queremos escuchar y así acabamos por cerrarnos al amor, por negarnos a amar a Dios, a nosotros mismos y al prójimo, quedando sumidos en tinieblas.

 El que no ama ni quiere hacerlo, se consume, devora, destruye a sí mismo, por ello es que padecemos, y si pretendemos usar los padecimientos como excusas para no amar y no prestar atención, lo que hacemos es seguir perdiéndonos, construyendo una autodestrucción de la que estamos satisfechos y orgullosos sin querer ver o aceptar la realidad.

 Con poca o nula voluntad de amar, le basta al adversario decirnos o sugerirnos, insinuar, que Dios u otros no nos aman, para que nos hundamos, escandalicemos y hagamos berrinches, para que odiemos, rechacemos, para que reclamemos adoración y nos internemos de esta manera en tinieblas.

 También, con poca o nula voluntad de amar, y consecuentemente desesperados por ser amados, adorados, tomaos en cuenta, saciados, conformados, quedamos apegados a los que nos aman, buscamos lo seguro y nos negamos a amar a quienes no lo hacen, o a quienes dudamos si lo hacen o harán, de manera que Dios queda excluido, siempre aparte.

 Así es como nos condenamos a estar encerrados, encapsulados, retenidos y atados, limitados a lo que creemos seguro, de donde no queremos salir, donde nos esforzamos por permanecer.

 La verdad es que tenemos que empezar a amar, porque en esto no hemos adelantado nada, y es en esto que consiste la verdadera maduración, crecimiento, evolución.

 Siempre vamos a dudar del amor de Dios y de otros en derredor, simplemente porque no amamos y no hay amor en nosotros, de manera que no vemos el Amor, no vemos a Dios Que Es Amor, no conocemos su Espíritu.

 Siempre amar a Dios y otros va a ser riesgoso, y siempre v a ser como encontrarse frente a un abismo, donde pareciera que dar un paso es enterrarse, pero la verdad es al revés, no amar es enterrarse en el abismo, si amamos y queremos amar, aunque veamos abismo, delante hay suelo firme, como cuando San Pedro caminó sobre las aguas, y justamente, si todo comienza a desmoronarse, es porque hemos perdido la confianza y comenzamos a preocuparnos inútilmente por nosotros mismos.

 La verdad es que el abismo no esta adelante hacia donde debemos caminar, sino atrás, y si lo vemos es porque estamos mirando abajo y atrás, porque no alzamos la mirada, no levantamos la cabeza y porque estamos impidiendo la Vuelta-Venida de Dios.

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