22 de junio de 2013

1.2. LO QUE HACEMOS TIENE CONSECUENCIAS



1.2. LO QUE HACEMOS TIENE CONSECUENCIAS

 Sentimos el vacío desolador, devorador, destructor dentro nuestro, y nos movemos instintivamente a reclamar a otros que nos amen, miren, tomen en cuenta, adoren, sacien y conformen. También nos enojamos contra quienes no nos sacian o satisfacen, o contra quienes pretendemos que nos den mas de lo que nos dan.

 La verdad es que somos unos egoístas, ególatras, solo preocupados por nosotros mismos, unos cerdos fríos e indiferentes a los que no les importa, ni les interesa mas que satisfacerse, saciarse, conformarse y pasar como zánganos cómodos por la faz de la tierra.

 Estamos embotados en la propia comodidad, desesperados queriéndonos convencer, y queriendo convencer a otros que nos adoren, suponiendo y queriendo que otros crean, que nos lo deben, que están obligados a hacerlo, solo porque caprichosamente lo que queremos y decimos necesitarlo.

 No nos importa nada de nada, ni de nadie, no hacemos mas que pensar egoísta y asquerosamente en nosotros mismos, no nos importa la integridad de otros, no los vemos ni los consideramos como personas, sino como cosas, objetos, por ello les reclamamos adoración, les exigimos obediencia y les imponemos que demuestren pertenencia.

 Somos humillantes, dominantes, posesivos, absorbente, no nos importa nada de nada, ni de nadie, nos hemos vuelto fríos e indiferentes, solo pensamos como cerdos en la propia y egoísta satisfacción, porque estamos llenos de orgullo y amor propio, somos incapaces de considerar a Dios como tal y a hermanos como tales.

 Solo pensamos en saciarnos, conformarnos, somos y queremos ser zánganos espirituales, porque no amamos ni queremos, no nos interesa, siempre tenemos excusas para no hacerlo, las que, casualmente, consisten en acusar a otros de no mecerlo o de impedirlo o no quererlo, no necesitarlo, etc.

 La verdad es que no hemos amado nunca, ni queremos hacerlo, no nos importa, estamos como cerdos echados a imagen de satanás, en la arena de la propia vanidad e inconsistencia, pensando en como conformarnos, distraernos, saciarnos, etc.

 No vemos, ni queremos ver que hemos creado-construido una bestia infernal y abominable en el interior que es un repugnante y abominable espíritu infernal.

 Tal espíritu es el deseo insoportable de adoración, esa egolatría venenosa, queremos creer que todos deben obedecernos, satisfacernos y conformarnos, pero a la hora de amar siempre tenemos excusas y acabamos no haciéndolo, demostrando así que seguimos alimentando a la bestia infernal que somos, en la que nos hemos convertido al no querer amar, al querer ser unos malditos desamorados llenos de orgullo y presunción.

 Nos tenemos lástima, pena y autocompasión, nos miramos como a pobres desgraciados y nos convencemos de serlo, y queremos creer que es por culpa ajena, porque otros no nos aman, nonos adoran, nonos satisfacen ni nos conforman como decimos merecerlo, como creemos necesitarlo.

 Somos unos hipócritas, embusteros, mentirosos, unos desamorados infernales a los que no les importa nada de anda ni de nadie, porque si sentimos vacío, angustia, desolación, es porque no amamos, no porque otros no nos aman, y lo sabemos, suplemente queremos no movernos, deseamos imponer a otros que nos sirvan mientras seguimos echados espiritualmente, postrados como zánganos, demandando soberbiamente como demonios adoración, servicio, postración, satisfacción.

 Debemos dejar de excusarnos infantilmente, porque estamos destruyéndonos y con soberbia y orgullo decimos que es por culpa ajena, cuando la realidad es que hacemos todo lo posible por perdernos eternamente, no amamos, no queremos, acusamos, odiamos, despreciamos, somos caprichosos, pretendemos pasar por la faz de la tierra como si Dios no existiera, o como si fuese indiferente el hecho de que exista, algo irrelevante, y es así porque en realidad no estamos dispuestos a hacerle caso, prestarle atención, obedecerlo.

 Esto es así porque en el fondo somos y queremos ser caprichosos, queremos considerarnos dioses, estamos desesperados por lograr ser adorados y por convencernos, aunque sea mentira, de que merecemos obtenerlo, y por lo tanto, que podemos odiar cuando no nos tributan la adoración que queremos, diciendo que se merecen el odio por no darnos satisfacción.

 Debemos prestar atención que, mientras no amamos, ni queremos, esta generándose un ser bestial, orgulloso, lastimero, autocompasivo, odioso, resentido, falso, un verdadero demonio adentro nuestro, y de nuestras entrañas, y es lo que somos y seremos eternamente.

 Tal ser, engendro de satanás, es el resultado de la cruza de un espíritu humano y el espíritu del adversario. Se unen, funden, confunden, mezclan los espíritus y el resultado es esa abominación desoladora infernal que crece en el espíritu como una hernia y que vive como zángano de nosotros.

 Ese espíritu es lo que somos y seremos, lo que quedará de nosotros por la eternidad.

 Comprender acá la necesidad de buscar la unión verdadera con Dios para generar un Espíritu Puro y de Amor que nos permita vivir eternamente.

 Lo que hacemos tiene consecuencias, por ello debemos ponderar la gravead de elegir un camino u otro, es donde acabaremos irremediablemente, el destino eterno no se decide al final, se elige a lo largo de la vida, y nadie sabe cuanto tiempo tendrá para hacerlo, ¿Quién puede aseverar que mañana se levantará pasando de ésta noche?, siquiera, ¿Quién puede asegurar que es lo que sucederá dentro de cinco minutos?.

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