29 de junio de 2013

Lección Nº 219, UN DELIRIO CON PATAS



Lección Nº 219, UN DELIRIO CON PATAS

 La falta de amor a Dios que tenemos, es lo que nos perjudica, porque es un abismo adentro, es lo que genera una corrupción en la que fermentan todos los vicios, ambiciones, perversiones, etc., que buscan su propio fin en contra nuestra, aun estando dentro de nosotros.

 Cada vicio es un abismo, demanda satisfacción, de manera que produce o engendra mas vicio, se acrecienta, son idiotas los que creen que se alivian o liberan de un vicio conformándolo. No tenemos un vicio, ara colmo de males, sino que tenemos esencialmente siete, los reconocidos capitales, tanto en el cuerpo, como en el alma y en el espíritu.

 Cada uno de esos, engendra otros menores, de manera que, aunque digamos que somos buenos, caritativos y hasta piadosos, estamos agusanados, nos podrimos en vida, el alma esta totalmente corrupta y en camino de descomposición.

 Cada uno de esos miles de vicios dentro nutro, son como gusanos que se alimentan de nosotros, que nos controlan, dominan y someten, pues quieren hacerlo para movernos a que les procuremos satisfacción. Mientras no se sacian fuera de nosotros, lo hacen de nosotros, y es ahí donde sufrimos ansiedad, angustia, vacío y desolación, desesperación, histeria, etc.

 Si nos dedicamos a conformar los vicios que fermentan en el interior, estamos colaborando en convertirnos en demonios, en sufrir una transformación espiritual, transubstanciación abominable a imagen y semejanza del adversario, satanás, el enemigo de Dios y de la humanidad.

 Todos tenemos todos los vicios, y desgraciadamente, los dejamos crecer, fermentar, multiplicarse, y hasta los favorecemos, nos dedicamos a ser viciosos, corruptos, ambiciosos, perversos y depravados, unos malditos renegados que se oponen a Dios y solo piensan en su propia y cómoda satisfacción, no queriendo hacer otra cosa mas que pensar en sí mismos obsesiva, angustiante y desesperadamente todo el tiempo, desperdiciándolo por ello en perderse, en convertirse en prostitutas adoradoras de satanás.

 Si bien cada uno de los vicios es independiente y un fin en sí mismo, el conjunto forma algo diferente. Cada vicio es un gusano, un fuego, un ardor, un abismo, pero por sobretodo, es un espíritu, impuro por supuesto, que fermenta en nosotros como peste.

 El conjunto de esos gusanos, ardores, fuegos, abismos, espíritus, es la muerte eterna, el vacío, la desolación, la negación completa de Dios, el olvido de Él, el reniego de Él.

 Entran los vicios y tienen su origen por la herencia del pecado original, pero después hay constantes actualizaciones de tal pecado, es decir, renegamos de Dios, prescindimos de Él, nos oponemos a Su Voluntad eligiéndonos orgullosamente, convirtiéndonos por ello en unos desamorados cobardes miedosos que no quieren dejar de elegirse a sí ni por un instante.

 Parten desde el principio, desde la concepción misma y comienzan a crecer, fermentar, extenderse, a dominarnos e intentar controlarnos, porque quieren servirse de nosotros para crecer mas, para saciarse, considerar que aun estando en nosotros, se mueven de manera independiente y buscan sus propios fines, como las mafias en las naciones.

 Llega un tiempo en el que el dominio, la preponderancia, preeminencia de los vicios llega a ser tal que imperan y hacen de nosotros lo que se les ocurre con desfachatez e impunidad, arrastrándonos a la ruina mas completa y despiadada, pues quedamos inundados del humo de la propia descomposición, es decir, llenos de orgullo tratando de convencernos de que no somos malos o que no es malo lo que hacemos.

 Al final, de lo que éramos, y de lo que pudimos ser, no queda nada, ni el recuerdo estamos totalmente sepultados en vicios, perversiones, corrupciones, convertidos en estructuras vacías, fantasmagóricas, caricaturas de humanidad, y peor, expresiones claras del infierno, rostros de satanás, porque no hay vida, ni virtud, ni nada bueno en las almas, sino solo soberbia, orgullo, arrogancia, presunción, etc., en definitiva, inmundicia, corrupción, abominación de la desolación.

 La verdad es que, carcomidos por los espíritus impuros, los vicios que han fermentado y que no hemos combatido, acabamos siendo nada y menos que nada, humo, un delirio con patas que se pasea por el mundo fanfarroneando y jactándose, para solo poner en evidencia la idiotez cultivada al querer renegar de Dios.

 Somos como un carbón que se ha consumido y del que quedan solo cenizas, pareciera que hay algo, pero con El Paso del Viento, no queda ni el recuerdo, y encima estamos orgullosos de nuestras vanidades.

28 de junio de 2013

Lección Nº 218, CUERPO, ALMA Y ESPÍRITU



Lección Nº 218, CUERPO, ALMA Y ESPÍRITU

Humanidad
Mundo
1
Cuerpo
Territorio, población y recursos
2
Alma
Estado, organización
3
Espíritu
Nación

 El alma esta en el cuero, y en derredor de éste, es como su vestido o piel espiritual, pero, un alma enferma, viciosa, corrupta y desamorada, se autoconsumo, estropea, pudre, es como una piel leprosa, abandona en parte al cuerpo porque se encuentra en proceso de descomposición, autodestrucción.

 El alma impregna el cuerpo, lo llena, no solo lo vitaliza, sino que atraviesa lo corporal-material con su esencia espiritual impregnándolo de esta manera de vida.

 Donde el alma se retira porque se reduce y no llega a cubrir al cuerpo, se produce una enfermedad, porque la muerte que hay en el alma, llega al cuerpo que deja de estar protegido y asistido por el alma, deja de estar vitalizado por ésta en esa área.

 El espíritu es para el alma, lo que el alma es para el cuerpo, es decir, recubre al alma a la vez que se halla dentro de ella, porque la impregna con su presencia, la llena.

 Un espíritu que es impuro, es un abismo, por lo tanto, en vez de dotar de vida al alma, se la consume, succiona, así es que la corroe, corrompe, la deja como con pozos que son los abismos donde el espíritu corrupto succiona.

 El alma que padece un espíritu sucio, corrupto, impuro, succionador, padece muerte, porque el espíritu que tiene adentro y en derredor, donde se halla contenida, la esta devorando-consumiendo, y luego, ésta alma atormentada, atormenta al cuerpo y lo enferma.

 El espíritu debería ser puro, esencialmente amor, pero, como no queremos amar, sino ser amados, se vuelve impuro, enfermizo, muerto y matador, comienza a robar al alma, le quita vitalidad dejándola vacía, enferma, viciosa, corrupta, y ésta, hace lo mismo con el cuerpo.

 Si aceptamos la Voluntad de Dios y nos entregamos a Ella, se genera un espíritu de amor, verdadera voluntad de amar y es como el cabo que une la fruta al Árbol, es por donde recibimos Amor-Vida-Espíritu de Dios, de manera que tenemos Vida Eterna en el mundo, Dios Vive-Permanece en nosotros, y nosotros en Él.

 Si renegamos de la Voluntad de Dios, se corta el cabo, entonces el fruto se cae a tierra, se golpea, comienza a pudrirse, y se expone a bichos y bestias, a enemigos interiores y exteriores para acabar desapareciendo, convirtiéndose, reduciéndose a nada.

 Lo que ocurre con una persona en particular, ocurre con el conjunto de éstas, así es que, si consideramos un país, el cuerpo esta formado por la población y el territorio, el alma por la organización estatal, y el espíritu por la nación.

 La nación le da vida al estado, y éste al territorio y a la población, por ello, si la nación es corrupta, el estado pasa a ser corrupto, y luego se corrompe la tierra, queda maldita, desolada, sin-Dios, se convierte en una región habitada por demonios, expuesta a sectas, mafias, y a todo tipo de delincuencia, tanto común como organizada, así como a todo tipo de tráfico ilegal, como armas, drogas, personas, órganos, etc.

 Una nación corrupta tiene un estado corrupto y acaba por corromperse por completo, se pierde, desmembra, es decir, se divide, se convierte en sectas o se sectoriza, se divide en partidos, se llega a convertir verdaderamente en ‘tierra de nadie’, donde asolan el hambre, las pestes y la guerra, es decir, aquello que solo puede prevalecer donde hay vacío y desolación, ausencia de Dios, olvido de Él, reniego de Su Voluntad.

 Así como la corrupción espiritual de una persona se contagia a otra, porque es como una mancha negra, o como enfermedad contagiosa, la corrupción de una nación, también se impone y contagia a otra, de esta manera es que una nación muerta, corrupta, maldita, desamorada, contamina, enferma y mata a otra, la arrastra a la corrupción.

 Notar las mafias como se instalan pasando de una nación a otra, contagiando su podredumbre y maldad, matando, robando, saqueando, efectuando una verdadera depredación de recursos, bienes, almas, etc.

 También hay naciones muertas, que han renegado de Dios y se han vuelto adoradoras del dinero, que se desesperan por acumularlo enfermizamente, éstas se infiltran en el territorio de otras naciones y las controlan-poseen como los espíritus impuros poseen a los cuerpos de quienes se hallan de paso por el mundo.

 Tanto satanás como sus demonios, pueden poseer un cuerpo sometiendo al alma, convirtiéndose así en ocupantes ilegales, ‘okupas’, que le roban vida, quitan vitalidad al alma y la atormentan, la castigan, hacen padecer a la vez que la devoran como pirañas.

 Otra cosa que pueden hacer es colgarse-adherirse a las almas sin poseer el cuerpo, lo que es como asociarse, formar una mafia, una asociación ilícita para pecar, para rebelarse contra Dios y oponerse a Él. Esto es sutil, oculto, disimulado, incluso las almas mas hipócritas y corruptas son las que mas se esfuerzan por aparentar perfección en religión, como ocurría con fariseos, maestros de la ley, saduceos, escribas, etc., en el tiempo del Primer Paso del Señor por el mundo.

 Esas dos acciones de satanás y sus demonios, también las hacen naciones corruptas, muertas, sin espíritu de vida, que adoran a satanás, al oro, al becerro de oro, que se excitan por el dinero y deliran por el poder, pues pueden llegar a meterse en territorios y apoderarse de éstos mediante operaciones mafiosas, corruptas y perversas, convirtiéndose en poderosas según el mundo.

 También pueden ejercer un poder o control oculto, desde las sombras, asociándose ilícitamente, infiltrándose en el estado, etc., desviándolo, corrompiéndolo y sumergiéndolo en la corrupción material y moral, que es el signo evidente de la corrupción espiritual.

Lección Nº 217, NOS VELAMOS EN VIDA



Lección Nº 217, NOS VELAMOS EN VIDA

 Nos autocompadecmeos, nos miramos con lástima, suponiendo que es amor, pero es autodesprecio, por ello, cuando nos sobreprotegemos, en realidad estamos defendiendo una bestia, una abominación desoladora, una negación de Dios y oposición real a Él.

 No dejamos de mirarnos con lástima, sobreprotegernos, de pensar en nosotros, de querer ser amados, adorados, y por ello, de cobrarnos venganza, porque hacer tales cosas es caer en un camino de venganza, debido a que tenemos rencor guardado, odio escondido, furia acumulada, queremos imponer que nos amen, adoren, acepten y tomen en cuenta.

 De este querer es que surge el esforzarse por tratar de ser perfecto, ideal, según el mundo, y de ahí la traba propia, personal, los límites que nos autoimponemos para no amar verdaderamente, porque nos dedicamos a nosotros y a ajustarnos a los estándares de perfección del mundo, del entorno.

 Amar no es moda, al contrario, hacerse amar-adorar-obedecer-aceptar-reconocer, etc., es lo que esta de moda, el elegirse a sí mismo, prescindir de Dios, mentirse fingiéndose dios, es lo que comúnmente aceptado, practicado, elegido y preferido.

 Cuanto menos amamos, menos queremos amar, por ello a cada instante mas y mas nos vamos negando al amor, encerrando en nosotros y volviéndonos duros, severos, orgullosos, arrogantes, vanidosos, presumidos, etc., pues nos hacemos una coraza de hierro, acero, cemento, etc., donde no nos importa nada de nada, ni de nadie, solo pensamos en nosotros mismos volviéndonos indiferentes a todo y todos.

 Nos encajonamos, nos autoimponemos límites, nos cortamos las almas, no queremos amar, mirar en derredor, amar, mucho menos mirar arriba y amar a Dios verdaderamente, porque el miedo cae como cortina o telón de acero y corta toda relación, apaga todo amor, extingue toda voluntad de amar.

 Nos encerramos en nosotros, es decir, pensamos en nosotros y no queremos hacer otra cosa, así es que vamos construyendo muros o cercos, murallas en derredor, las que acaban por dejarnos en cautiverio, encerrados, abismados, confinados, porque de aparente seguridad que eran, pasan a ser sepulcros, cárceles, mazmorras húmedas y tenebrosas, de las que no queremos salir.

 Es como si fuésemos cerrando puerta tras puerta en derredor, cercándonos, quedando aislados, hundidos y encerrados, no amamos, ni queremos, nos convencemos de que no se puede o que no vale la pena, y ahí, hundidos, abismados, lloramos con pena, lástima y autocompasión.

 Somos unos tontos, construimos un sepulcro que llamamos ‘vida’, nos enterramos en éste y después nos dedicamos todo el tiempo a llorar y lamentarnos porque solo conocemos vacío, ausencia, desolación, muerte.

 Debemos empezar a derribar los muros, abrir una brecha, salir del sepulcro, porque estamos de paso por el tiempo, de manea que aun tenemos tiempo, podemos evitar quedar encerrados eternamente en nosotros, perdidos en la propia inmundicia y ahogados en la misma descomposición, llanto, vacío, tristeza y desolación.

 No podemos ser indiferentes a nuestro bien, debemos tener un poco de verdadero amor propio, es decir de aquel que nos mueva a buscar a Dios, a querer el Bien Verdadero, a salir del abismo-sepulcro, en definitiva, a dejar de velarnos en vida, dejar de lamentarnos y de autocompadecernos, de tenernos lástima y de odiarnos, porque eso es lo que nos vuelve miserables, despreciables, abominables.

 Como si fuese por seguridad, defensa y protección, nos imponemos no amar, no confiar, no creer, y es eso lo que nos hace sufrir, somos nosotros los que nos estamos cortando en pedazos para meternos en un embudo e ir de cabeza al infierno.

 Nos imponemos no amar, suponiendo que así evitaremos ser lastimados, despreciados, rechazados, dejamos que el miedo nos ahogue, cerque, circunde y retenga, no viendo que el tormento y la angustia que padecemos es producto de cortarnos el alma en pedazos, y de imponernos no amar, de querer enterrarnos en tinieblas.

 El mismo miedo nos lleva a buscar las tinieblas, preferirlas, a no querer amar y si no le ponemos límites, vamos a terminar sufriendo inútil y eternamente.

 Nos velamos en vida, y por ello nos damos muerte, porque nos esforzamos por meternos adentro del cajón, por estrecharnos y encerrarnos en los límites del ‘yo’, que es orgullo, amor propio, amarse a sí mismo y negarse a amar a Dios y a todos.

27 de junio de 2013

7.7. ESPERAMOS LO QUE NO QUEREMOS QUE SUCEDA



7.7. ESPERAMOS LO QUE NO QUEREMOS QUE SUCEDA

 Mientras haya un reproche contra Dios en el corazón, aunque queramos ocultarlo, disimularlo o esforzarnos por negarlo, vamos a seguir desconfiando de Dios irremediablemente, y vamos a seguir a merced del adversario que va a perturbarnos y tratar de aumentar tal cosa para lograr rebelarnos y oponernos a Dios cobrándose otra víctima.

 Por nuestro bien debemos dejar de mentirnos-engañarnos y de querer aparentar perfección y eficiencia, porque le estamos reclamando a Dios que nos mire, admire, apruebe, etc., cuando en realidad es miedo, preocupación por sí, y por ello suma imperfección.

 También es así como negamos el hecho de que no todo es lo que parece, ni todo anda bien nosotros, sino que tratamos de convencernos y de convencer que es así, pero, es todo una farsa, un engaño, una mentira.

 Debemos aceptar La Verdad, permitirle al Señor Venir-Volver-Pasar, Que nos Ilumine y que Él nos diga donde somos rebeldes, donde hay una desconfianza oculta, o donde hay alguna preocupación inútil por sí, de manera que reconociendo tales cosas, podamos renunciar y dejarnos corregir por Dios.

 Nos salva El Señor de nosotros mismos e impide que nos sigamos perjudicando, es decir, previene que elijamos lo malo y el mal, porque nos lo imponemos solo por defender-proteger el orgullo, no viendo que estamos sufriendo al tratar de obligarnos a no amar a Dios, no tenerlo y rescindir de Él.

 Como tontos nos imponemos no amar, siendo que s algo extraño, importado, algo que no nos queda, no va, no se condice con aquello para lo que Dios nos Ha credo.

 Debemos hacer un esfuerzo, ser valientes, confiar en Dios, creer en su Amor, y amarlo ofreciendo el Santo Sacrificio de la voluntad, de la real renuncia a sí mismo y de la entrega a Su Amor, solo porque sí.

 Considerar que primero dio Dios la ley, la que puso una medida justa en todo, pues por ejemplo si antes por un ojo se quitaban los dos, desde que El Señor se Reveló y comenzó a educar a la humanidad, primero dijo que debía ser solo ojo por ojo, y luego, cuando logró corregir al hombre levándolo hasta ese punto, enseñó a amar al prójimo, después El Señor hablo del heroísmo del amor a los enemigos.

 Siempre Dios es progresivo, va corrigiendo de a poco, somos nosotros los que no debemos conformarnos ni sentirnos orgullosos o estar satisfechos queriendo creer que esta todo hecho, pues si hemos superado alguna o algunas pruebas, es porque Dios quiso, y es nada comparado con lo que falta, de manera que es evidente que tenemos orgullo y amor propio en lugar de lo esencial que es el amor a Dios y al prójimo.

 La ley, los diez mandamientos, dieron un marco de justicia, pero, si bien eran una defensa, después se convirtieron en cerco, porque dorando la ley, no aceptaron la reforma dada por Dios mismos, aunque sí se apegaron a la reforma obrada por hombres ciegos.

 Acostumbrados al orgullo y amor propio, prefirieron la ley reformada por mentes humanas llenas de miedo  corazones vacíos de Dios, que la reforma pura y simple, clara y suave del Señor que les hablaba directamente cuando pasó por primera vez por el mundo.

 A nosotros nos ocurre lo mismo, no queremos la simplicidad de lo evidente, y es porque estamos apegados a lo orgulloso, vanidoso, aparente y oculto, es decir, nos complicamos y enredamos solos con elucubraciones, pensamientos, suposiciones, etc., cuando Dios Está Vivo y Presente y Quiere Hablar-Revelarse estando dispuesto a Guiarnos en medio de las tinieblas.

 Como sucede siempre, no lo queremos escuchar, porque no lo queremos obedecer, entonces, caemos en la trampa del adversario, decimos que Dios no esta, no que no Vino El Señor y seguimos esperando lo que no va a ocurrir, porque seguimos esperando que no venga, debido a que, si lo hiciera, deberíamos cambiar de vida, amar y obedecer.

 Si buscamos al Señor y nos cuesta encontrarlo, considerar que estamos desandando el camino que recorrimos para apartarnos de Él, por ello, es en vano que nos quejemos, somos nosotros los que nos fuimos y los que demos volver, no es Él el que se esconde y niega, nosotros nos enterramos en tinieblas y en las profundas cavernas infernales.

 Como tontos decimos que Dios no se Revela o no es claro, pero somos nosotros los que no queremos escucharlo, y los que no estamos dispuestos a obedecerlo, porque no queremos confiar en Él, no queremos creer verdaderamente en Su Amor y no queremos tampoco amarlo en verdad, preferimos la comodidad e hipocresía.

 Como caprichosos y rebeldes, queremos decepcionarnos y hallar un motivo, una razón para culpar a Dios, pero, la Verdad es que no queremos amar, no nos interesa, ni queremos amar a Dios, por ello es que seguimos en tinieblas, donde no hacemos otra cosa mas que lamentarnos, preocuparnos y angustiarnos, tenernos lástima, pero ni se nos ocurre que debemos cambiar, modificar algo, corregirnos.

 Esperamos la desesperanza, queremos que no suceda, no nos interesa en lo más mínimo la Vuelta del Señor, preferimos seguir ignorándolo, rechazándolo, así como también hay muchos que prefieren encontrarlo en otros y seguir a otros, excusándose de buscarlo personalmente, porque no tienen ganas de esforzarse, porque temen que Él no se Revele, y en definitiva, porque no quieren que lo haga, debido a que habría que obedecer y no tendrían excusas para seguir siendo cómodos rebeldes indiferentes incluso a su propio bien.

 Estamos atrapados en una incoherencia, decimos que esperamos y queremos, aquello que por miedo y preocupación, no queremos que llegue o suceda.

 Por nuestro bien, Dios nos ha dado un poco de tiempo para decidirnos de una vez, optar, como lo dijo San Elías en el monte Carmelo, o Dios o baal, que es como decir, o Dios o nosotros mismos, o amarlo a Él o amarse a sí.

7.6. LA COSTUMBRE VENCE Y SE IMPONE APAGANDO EL AMOR



7.6. LA COSTUMBRE VENCE Y SE IMPONE APAGANDO EL AMOR

 Se cuelga el adversario de las almas para robarles vida, quitarles vitalidad, porque así se sacia en su ego haciéndose adorar y se alivia de sus tormentos, y mientras lo hace, sentimos vacío, desolación, angustia, etc., porque nos va vaciando, arruinando, corrompiendo.

 Mientras permanece adherido, prendido como sanguijuela succionándonos vida, quitándonos vitalidad, sentimos vacío y desolación, porque es como si nos vaciara, comiera crudos, se siente como cuando extraen sangre, o como cuando alguien se cuelga ilegalmente del tendido eléctrico y provoca que baje la tensión a todos.

 La cuestión es que nos hace creer que el malestar que sentimos es debido a la acción u omisión de Dios o de otros en derredor nuestro, para que los odiemos, para que peleemos y estamos distraídos mientras él, el cerdito infernal, nos esta quitando vida, succionando vitalidad y dejándonos en ruinas, corruptos, podridos, contagiados de su inmundo veneno de amor propio, miedo y preocupación por sí.

 Mientras guardemos rencor, estemos enojados y acusemos a otros de no amarnos, o por odiarnos, los perjudicados somos nosotros porque no amamos ni queremos, y porque le damos lugar al adversario para que e cuelgue, para que entre en nosotros y nos quite vida, succione vitalidad, dejándonos en tinieblas, arruinados, estropeados.

 Debemos orar pidiéndole al Señor Que nos Ilumine para que veamos donde es que hay un rencor oculto, una acusación, odio o reproche, oque así es como podemos ir limpiando día a día, permitiéndole a Él Pasar por el interior e indicarnos donde y a quien debemos, pudiendo de esta manera perdonar y pedir perdón.

 Tan acostumbrados estamos a acusar y tan empeñados en hacerlo, que se ha vuelto una costumbre automática, y es así como pretendemos construir una falsa presunción de inocencia, con la que queremos defendernos del miedo.

 Nos da miedo considerar que tenemos culpa, porque no queremos perder la supremacía del orgullo, defendemos al orgullo-amor propio con una falsa presunción de inocencia, y es por ello que acusamos a todos, y lo hacemos rápido, imponiendo a otros una falsa presunción de culpabilidad.

 Estamos engañados por la maldita costumbre que tenemos de no amar y de no querer hacerlo, porque acusamos, odiamos, despreciamos y cuestionamos a Dios y a otros diciendo que son culpables, cuando la verdad es que nosotros tenemos miedo y nos estamos ahogando en nuestra nada, enredando en nuestros pensamientos y nos estamos exponiendo al adversario y sus mentiras-sugestiones.

 Defendemos el orgullo por miedo, preocupados, es nuestro ídolo y le somos fieles, por ello nos convencemos de que la culpa de todo siempre es de otros y es así como no amamos, ni queremos quedando atrapados y postrados en tinieblas.

 Como tontos, seguimos con nuestra costumbre de desconfiar y de acusar, por ello no vemos que somos Amados por Dios, ante lo que nos parece un fallo o error suyo, hacemos escándalo y nos convencemos de que teníamos razón al querer desconfiar, cuando en realidad, lo que sucede es que esperábamos una oportunidad para no hacerlo y para hacer escándalo.

 Considerar que el adversario siempre nos va a hacer aparecer a Dios como culpable con trampas, razonamientos, situaciones, porque quiere imponernos que lo odiemos, acusemos, porque así logra su venganza y también porque así obtiene que quedemos completamente indefensos y a su merced.

 Con miedo, preocupados por nosotros, encerrados, hundidos, aislados y sin abrirnos a Dios, sin orar, terminamos confundidos y engañados por el enemigo que nos hace creer lo que por miedo, cobardía, culpa, debilidad, falta de Verdadera Fe, etc., queremos creer, que Dios no nos ama.

 Como tontos, terminamos acusando a Dios y a otros, de lo que estamos haciendo nosotros, es decir, no amar, porque con miedo y desconfianza nos retraemos, a la vez que no admitimos que no amamos, sino que escandalizados, hacemos berrinches acusando a otros de no hacerlo.

 En definitiva, la costumbre de desconfiar, acusar y despreciar negándonos a amar y acusando a otros por lo que hacemos voluntariamente y en perjuicio nuestro, nos vence y se impone, de manera que acabamos apagados, oscuros, convirtiéndonos en desamorados y volviéndonos demonios, cuando pudimos ser como Ángeles y verdaderos hijos de Dios.

7.5. FALSA HUMILDAD ES AUTODESPRECIO



7.5. FALSA HUMILDAD ES AUTODESPRECIO

 Nos creemos no amados, por ello hacemos berrinches, escándalos y renegamos, tanto contra Dios, como contra cualquiera, suponiendo que estamos en nuestro derecho de comportarnos de esta manera, porque es así como nos cobramos venganza, escupimos el odio y la frustración que se generan.

 Son dos problemas que tenemos, uno el creernos no amados, y otro, que nos preocupe eso. La verdad es que no importa lo que otros hagan o digan, lo importante es que amemos, porque la vida esta en amar, dado que el que ama y quiere amar, entra en comunión con Dios Que es Amor, y por ello, Vive, porque Dios Es Amor y Vida, Vida Verdadera, Vida Eterna.

 Simplemente debemos dejar de preocuparnos por nosotros mismos, olvidarnos del ‘yo’, renunciar a nosotros y empezar a prestar atención verdaderamente a Dios, confiando en Su Amor, porque de lo contrario, sucumbiremos ante las tinieblas interiores y exteriores, es decir, por la corrupción generalizada de dentro y de afuera.

 Según el adversario Dios tiene la culpa, siempre tiene la culpa y de todo tiene la culpa, por ello, si pensamos de tal manera, ya podemos ir comprendiendo a quién estamos escuchando, siguiendo, sirviendo, porque no es a Dios como decimos, fingimos, aparentamos, y hasta, como queremos creer que lo hacemos.

 Considerar que el veneno del adversario, su inmundo y repulsivo espíritu lo hemos recibido como herencia, lo tenemos como defecto congénito, por ello, esta en nosotros aunque no queramos, y es eso lo que debe salir, ser purgado, de lo que quiere El Señor liberarnos, de manera que lo acorrala para que aúlle, para que vocifere, truene y se manifieste, permite que el adversario tienda trampas para que explote ese veneno, ya que es así como podemos verlo y reconocerlo, ser conscientes de lo que tenemos adentro, aquello que motivó a San Pablo decir, “Hago el mal que no quiero en vez del Bien que sí quiero”.

 Esto no quiere decir que debemos odiar a Dios o renegar de Él, sino que se trata de ver y comprender lo que hay, lo que somos, la esencia negra, oscura, densa y pesada que tenemos adentro, el espíritu maligno infiltrado y disimulado, oculto, que finge humildad, amabilidad, afabilidad, servicio, dedicación, etc., pero en realidad, es un espíritu inmundo hijo de satanás y su presencia en nosotros controlándonos.

 Comprender acá la necesidad de desterrar el orgullo, pues muta, se encubre, disimula su ser y hacer, puede parecer hasta como humildad y piedad, pero se nota que todo lo hace por y para ser visto, es decir, movidos por éste sucio e inmundo espíritu, todo lo hacemos reclamando aceptación, adoración y reconocimiento, tanto a Dios como a otros en el mundo, aun fingiendo que somos humildes.

 La verdadera Humildad es La Vida de Dios en las almas, y como a Dios no se lo puede ver, la Humildad Verdadera, no es notada, advertida o vista, no es apreciada por el mundo, sino ignorada, cuando no, aborrecida, odiada, perseguida, etc.

 La humildad falsa es autodesprecio, es la actividad que hacemos rebajándonos, humillándonos, perjudicándonos, mientras que fingimos que es por ser humildes, cuando en realidad es cobardía, miedo y un llamado de atención insoportable, un inmundo deseo de adoración, un asqueroso y lastimosos preocuparse por sí.

 Verdadera Humildad es amar y obedecer a Dios, renunciar a sí mismo y eso es también verdadero amor a sí, no el falso que ofrece el mundo que es amor propio, orgullo, que es lástima, pena y autocompasión donde las almas se dedican a hacerse aceptar, ver, reconocer, adora, etc.

 Se forma un círculo vicioso donde vamos a acabar por perder a Dios y perdernos, debido a que, como otros no valoran, estiman, adulan, etc., lo que somos, tenemos, podemos, etc., nosotros lo despreciamos y nos despreciamos, lo que motiva que sea y que seamos, algo despreciable, condenándonos a suplicar no ser despreciados y a exigir ser adorados.

 Mientras nosotros mismos nos despreciemos, va a seguir pareciéndonos importante el aprecio ajeno, pero, no lo vamos a conseguir porque nos convertimos en despreciables, desalmados que desprecian y no aman, cosa que otros perciben y motivo por el que responden de la misma manera.

 No podemos supeditar, subordinar, lo que somos, sabemos, hacemos, tenemos y podemos, a la opinión o juicio ajeno, es una tontería cobarde, debemos hacer lo que Dios quiere y no preocuparnos por lo que digan o pretendan hacer de nosotros, porque si somos fieles a Dios, estamos en paz y en orden.

 No podeos subordinar nuestro ser y hacer a la opinión o juicio de quienes no aman a Dios, inquieren obedecerlo, porque están en tinieblas, y celosos por su orgullo, miedosos y preocupaos por sí, siempre van a ver como despreciable a Dios, pues le temen por un lado, y por el otro, como en ellos reina el adversario, los usa para que se aparten de La Luz de Dios Que Está en nosotros., con nosotros, debido a que lo hemos elegido y lo amamos.

 No es verdadera humildad auodespreciarse, considerar que, si hemos elegido a Dios, lo tenemos, y somos nosotros los que nos imponemos no tenerlo como si se tratase de solidaridad, humildad no viendo que caemos en el socialismo del adversario donde él se hace dueño de nuestra vida y nos hace creer que los dueños somos nosotros no viendo que solo somos esclavos como les sucedía a los animales de “Rebelión en la granja”, novela de G. Orwell.

7.4. CAMINO A LA CONDENACIÓN



7.4. CAMINO A LA CONDENACIÓN

 Debemos luchar contra nosotros mismos para poder llegar a ser verdaderamente generosos, porque estamos acostumbrados a no serlo, porque no queremos serlo en realidad, solo en apariencias, y porque el adversario y los suyos colaboran para que sigamos postrados en tinieblas, es decir, negándonos a amar.

 Es toda una fuerza, se impone, domina, aplasta, sepulta, nos arrastra, lleva, empuja, etc., no podemos resistir la tentación de no amar y nos cerramos al amor, nos oponemos a Dios y lo rechazamos, no viendo como nos cerramos-encerramos en nosotros quedando cubiertos por las tinieblas.

 Es miedo, autodefensa, autoprotección, rechazamos a Dios, no lo aceptaos, no queremos amar, no queremos confiar, estamos buscando la excusa para valernos por cuenta propia, y nos la ofrece el adversario oportunamente como a Eva en el paraíso.

 Tenemos que hacer un esfuerzo, elegir, optar, de lo contrario vamos a seguir a merced del enemigo, el que va a seguir excitándose al suponer que tiene una oportunidad para atraparnos, seducirnos, meterse, colarse, lograr que le prestemos atención y hagamos caso, que reneguemos de Dios.

 Hay pequeñas rebeldías en nosotros, no solo actuales sino también históricas, y son como cables sueltos, cosas que el adversario puede tomar y de las que se puede servir para armarnos una revolución, para alterar todo el interior e impulsarnos a que carguemos contra Dios, para imponernos que reneguemos de Él y nos valgamos por cuenta propia suponiendo que es justo, debido, necesario, seguro, conveniente, etc.

 Somos en realidad un cúmulo de reproches, rencores, cuestionamientos, por ello puede el enemigo presionarnos, asustarnos, convencernos de que Dios no nos ama, para que, celosos y preocupados por nosotros, nos alcemos, estallemos, protestemos y demandemos atención y reconocimiento, sumisión y obediencia.

 A imagen y semejanza del adversario, explotamos por celos y envidia, es decir, estamos odiosos y resentidos quejándonos porque Dios no hace o no nos da o nonos conforma en tal o cual cosa, y luego, cuando para otros lo hace o se lo da, como satanás, estallamos en furia por envidia, celosos de nuestro orgullo y hacemos escándalo, berrinche.

 Ahí es que, como el adversario, cuestionamos a Dios o nos desesperamos para lograr por algún medio que nos de lo mismo, puede ser pidiéndolo, esforzándonos por merecerlo, sacándoselo a otros, o bien manipulando a esos que tienen o hacen lo que queremos, porque es la forma en que sentimos que es nuestro, como el adversario, si logramos ponerlo a nuestra disposición.

 ‘¡¿Cómo?!, ¡¿A mí no, y a ese inútil, sí?!’, dijo el adversario lleno de orgullo y presunción en el Cielo renegando del Misterio de la Unión Hipostática del Verbo, del hecho de que Dios compartiría Su Naturaleza Divina con la Humanidad por medio de Su Hijo, Dios y Hombre.

 Lo mismo hacemos nosotros cuando cuestionamos a Dios, primero estamos llenos de orgullo y somos ambiciosos, suponemos en la vana presunción que Dios nos debe dar todo y aun mas, que es como un tonto a nuestro servicio, y cuando comprobamos que ama a otros y que a nosotros no nos adora como pretendemos, nos escandalizamos, hacemos berrinches, escenitas de celos y le demandamos e imponemos que nos obedezca, sirva y conforme con furia.

 Lo que debemos comprender es aquello que no quiso entender el adversario, y que por ello se convirtió en tal, Él Es Dios, Solo Dios Es Dios, de manera que sabe lo que hace, y es hora de que renunciemos al orgullo, la arrogancia, la presunción, etc., porque estamos camino a la condenación.

 Hay que comprender que Dios no nos debe nada, ni esta obligado con nosotros en lo más mínimo, Él Es Dios, nosotros le debemos todo, pero el orgullo nos impide verlo, entender y arrogantes lo desafiamos, provocamos, convirtiéndonos en rivales, adversarios, opositores, dignos hijos del adversario, pequeños satanases.

 Nos comportamos para con Dios como el adversario y es porque no amamos a Dios, ni queremos, así es que lo atacamos y cuestionamos con las mismas palabras que satanás, convirtiéndonos por ello en su expresión, rostro, imagen, cara visible sobre la faz de la tierra.

 Bien podríamos dar vueltas las palabras y pensar si Dios nos dijera eso mismo, pues le estamos dando todo al inútil del adversario y no le estamos dando nada a Dios, sino que a Él solo le demandamos.

7.3. OPERACIÓN DIVINA



7.3. OPERACIÓN DIVINA

 Estamos buscando y esperando una oportunidad para renegar de Dios, para escupir veneno, debido a que estamos llenos de éste, estamos podridos y resentidos.

 Esto es así porque somos orgullosos, unos renegados odiosos que se lamentan por sí mismos y se autocompadecen cuando no logran vencer a Dios, imponerse, cuando no logran ser amados, adorados, obedecidos y servidos.

 Como tontos estamos tratando de vencer a Dios, de imponérnosle, de prevalecer, de obligarlo a que nos haga caso, por ello es que estamos en tinieblas, histéricos y a merced del adversario y de los suyos, porque somos como ellos, no amamos a Dios, no confiamos en Él, no creemos en Su Amor.

 El problema no es Dios, ni lo que hace, el problema es que no tenemos Fe, ni queremos y encima, como si eso fuera poco, todavía tratamos de vencerlo, de imponernos, de hacernos adorar, obedecer y servir por Él, no viendo que estar en guerra contra Dios, es estar en guerra a favor del adversario, de aquel que nos odia y aborrece desde antes que existiéramos.

 Pretendemos suplir la falta voluntaria de fe, el miedo y la cobardía que nos ahogan, sofocan, vencen y dominan, con un tonto hacerse obedecer por Dios, es incoherente lo que pretendemos y es la fuente de la soberbia que nos vuelve delirantes, somos unos malditos caprichosos obsesionados por nosotros mismos que se han vuelto incapaces de amar por voluntad y elección propia.

 Tenemos un abismo-vacío en nosotros y es lo que no hemos llenado con amor, es nuestra falta voluntaria de amor, no porque no nos amen, adoren, etc., sino porque no amamos ni queremos hacerlo, de manera que no generamos amor, ni abrimos la puerta para Que Pase y Esté El Señor Con Nosotros.

 Debemos cerrar esa brecha, cubrir el abismo, no disimulándolo y convirtiéndonos en sepulcros blanqueados, sino rellenándolo, llenándonos de amor a Dios, convirtiéndonos en entrega, renunciando a nosotros mismos, realizando un acto de verdadera caridad para con Dios que nos desapropie de nosotros y nos transforme en ofrenda real a Dios.

 Como somos caprichosos y egoístas, estamos plenamente convencidos de que nos tienen que adorar, amar, servir, etc., no consideramos, ni siquiera por casualidad, que nosotros debemos dar o poner algo de nuestra parte, pareciera que por alguna regla invisible, estamos siempre exentos o habilitados para no contribuir.

 No hacemos mas que quejarnos, no queremos hacer otra cosa mas que protestar y renegar, no lo dejamos al Señor tomar nuestra vida, y si lo hacemos, es de palabra, porque cuando lo hace efectivamente, disponiendo como Dueño-Señor, renegamos, nos quejamos y protestamos, hacemos berrinches y nos escandalizamos.

 Debemos ser sinceros, si decimos Que Él Es Dios, debemos dejar que se comporte como tal, y no pretender dominarlo, guiarlo, decirle o indicarle lo que debe hacer o no, o la manera en que debe hacer o no, tampoco debemos supervisarlo, Él Es Dios.

 El problema es el mismo de siempre, somos unos cobardes desamorados que solo tienen miedo y preocupación por sí a los que no les importa mas nada de nada, ni de nadie, por ello, somos hipócritas que fingen amar, pero que en realidad son incapaces de hacerlo verdaderamente.

 Él Es Dios y debemos aceptarlo, obedecerlo, confiar en Él, creer en Su Amor y perseverar en El Camino de la Revelación de Su Voluntad, porque de lo contrario vamos a morir ahogados en nuestro propio egoísmo, en esa poca o nula gana de amar que tenemos y mucha y exagerado deseo de ser adorados para suplir o llenar el vacío que se genera o queriendo amar.

 Comprender acá que al final, somos unos escandalosos histéricos miserables, no amamos a Dios, ni queremos, renegamos de tener que hacerlo, protestamos, es como si fuera un parto el tener que dar algo generosa y desinteresadamente al Señor, es como si tuviese que operarnos para extirpárnoslo, no viendo que Él esta tratando de hacernos el bien.

 Es una verdadera operación lo que debe hacer El Señor para lograr que le demos algo, no queremos ni siquiera colaborar en El Bien Verdadero que Él Quiere Hacernos.

7.2. NOS EXPONEMOS INÚTILMENTE



7.2. NOS EXPONEMOS INÚTILMENTE

 Nos toca padecer lo que a Dios hicimos padecer, es decir, lo que hemos elegido, y no porque Dios se cobre venganza, todo lo contrario, Él quiso evitarlo, pero no le hicimos caso, no le prestamos atención, ni quisimos seguirlo, entonces, tenemos lo que queremos.

 Ahora, en el dolor, en las dificultades, sufriendo problemas y contratiempos, conocemos el patrón que hemos elegido, podemos ver que aquel que se presentó amigablemente, era un traidor, no solucionó nada, al contrario, se posesionó de nuestra vida viviéndola él y para él, de manera que no tenemos mas que orgullo, vacío, desolación y problemas.

 Ahora, viéndonos traicionados, acusados, perseguidos y abandonados por el adversario al que habíamos elegido en el lugar de Dios, comprendemos lo que le hicimos a Dios, sin embargo, no es para que nos lamentemos y entremos en melancolía, no tenemos que sentir lástima por nosotros mismos ni autocompadecernos, porque eso es orgullo, amor propio, es el veneno mas bajo de satanás.

 Debemos conocer, comprender y aceptar los errores, debemos perdonar y pedir perdón, pero salir del abismo, elegir a Dios, dejar de odiarnos por habernos equivocado, dejar de odiar a otros como si fuese descarga, alivio y consuelo, tenemos que empezar una vida nueva Guiados por El Señor, aprendiendo a vivir y convivir con Él, volviendo así al origen, al principio, a aquello para lo que fuimos Creados por Dios, para ser hijos suyos que pasan por el mundo en comunión con Él.

 Tenemos que desterrar el orgullo, el amor propio, dejar de pensar en nosotros, de temer, preocuparnos, porque así es como seguimos hundiéndonos, abismándonos y enterrándonos, porque nos olvidamos de Dios para perdernos en al propia miseria, donde embotados, ahogados, pasamos a naufragar en las tinieblas eternas.

 Tenemos que dejar de pelear contra Dios, de rivalizar, de renegar, somos unos tontos que tenemos miedo y no fe, porque en realidad, queremos desconfiar de Él, queremos cuestionarlo y tenemos reproches.

 La verdad es que somos unos mocosos caprichosos llenos de orgullo y presunción que creen que pueden cuestionar a Dios y salir impunes.

 Es verdad que podemos cuestionar a Dios, protestar y quejarnos, pero, también es verdad que eso trae consecuencias, y no porque Dios castigue, sino porque elegimos al adversario para esos actos como dios, señor, dueño, etc., el que aprovecha un poco de desconfianza para captar la atención, para lograr lo que quiere, que lo recibamos, admitamos, recibamos.

 Los culpables somos nosotros que queremos desconfiar de Dios y lo hacemos por renegados caprichosos, porque queremos hacerlo. Queremos desconfiar de Dios, deseamos cuestionarlo, porque no nos da el gusto, porque no nos hace caso, ni presta atención a las vanidades por las que nos perdemos angustiados y desesperados.

 En el fondo, renegamos de Dios porque no podemos dominarlo, someterlo, esclavizarlo y usarlo, por ello preferimos desecharlo, rechazarlo, prescindir de Él y perder el tiempo en acusaciones, quejas, reclamos, histeriqueos, escenitas de celos como prostitutas desairadas.

 No vemos que en esto nos hacemos cómplices del adversario que lo quiere por un lado para apartarnos de Dios y oponernos a Él, y por el otro para seguir cuestionando él por medio nuestro a Dios por lo mismo de siempre, el hecho de Que Dios Ama y quiere aun colocarnos por encima de los Ángeles elevándonos a participar en Su Naturaleza Divina como hijos con y por El Hijo.

 Es hora de elegir, de decidir, debemos optar, de lo contario siempre estaremos sometidos a un limbo espiritual donde el adversario puede acceder para perturbar, molestar, atormentar, perseguir, asediar, vejar, obsesionar, etc., y no podemos quejarnos de que lo haga, porque es lo que hizo siempre y lo que va a seguir haciendo, somos nosotros los que debemos salir de las tinieblas, de su alcance.

 Recordar que es un perro atado, pero, si nos ponemos dentro del metro de su correa, estamos a su merced.

7.1. ¿QUIÉN GUÍA?



7.1. ¿QUIÉN GUÍA?

 Ante las desgracias, contratiempos, problemas y dificultades, hacemos escándalos, berrinches, odiamos a todos, nos quejamos, enseguida hallamos culpables, pero, por mas que nos quejemos y reneguemos, el problema lo hemos provocado nosotros.

 Nos hace falta un poquito de humildad, debido a que siempre es pronto y fácil hallar culpables-responsables para convertirlos en víctimas de las ganas centellantes que tenemos de odiar y aborrecer cuando nos vemos frustrados, cuando conocemos el fracaso, la ruina o una limitación.

 Si bien, tanto el adversario, como otos a su servicio o no, pueden provocarnos problemas, contratiempos, dificultades, la verdad primera y esencial que negamos es que somos cómplices del enemigo, que lo hemos invitado a pasar, entrar, le hemos dado poder, autoridad, por lo que no podemos quejarnos de que haga lo que se le ocurre, y aun en contra nuestra, porque es estafador, engañador, recién ahora lo estamos descubriendo al padecerlo.

 Siempre satanás es traidor, siempre se elige a él mismo, siempre abandona, acusa, destruye, porque usa a las almas que se le entregan voluntaria y directamente, como aquellas que lo hacen involuntaria e indirectamente debido a que son orgullosas, viciosas, ambiciosas, corruptas y abominables espiritualmente.

 Nosotros lo hemos dejado que se alce del abismo, que entre en nuestras vidas, que penetre en el mundo y que se instale como dominador atrayendo así la gran desolación, y solo comprendemos las consecuencias de esto cuando comenzamos a padecerlas, es decir, cuando impera sobre las almas oprimiéndolas, esclavizándolas y sometiéndolas a horribles tormentos.

 Hemos renegado de Dios, prescindido de Él, hemos abandonado la Fe, estamos ante la gran apostasía, por ello nos encontramos en tinieblas, confundidos y a merced de los enemigos.

 Abandonando la Fe, renegando de Dios, prescindiendo de Él, tanto individual como generalmente, hemos comenzado a valernos por cuenta propia, a obrar en rebeldía, lo que es abrirle las puertas al adversario, ponernos a merced del enemigo, quedar completamente indefensos y transformarnos en colaboracionistas de la misma dominación que ejerce sobre nosotros.

 Como no hemos aceptado la Voluntad de Dios, estamos sin-Dios, entonces, nos hallamos en tinieblas, a oscuras, a merced de todos los enemigos espirituales, cosa que no apreciamos en su gravedad hasta ahora, debido a que es en estos momentos donde empezamos a padecer las consecuencias.

 Aquel que pensamos que usamos en beneficio propio y que admitimos como supuesto colaborador, se rebela y vuelve en contra, es decir, renegando de Dios, prescindiendo de Él, anulando la Fe, dejamos entrar en nuestra vida por la soberbia, al adversario, el que nos sugiere qué hacer y qué no, lo que es bueno y lo que es malo, de manera que lo adoptamos como consejero, probando así del fruto prohibido.

 Nos dejamos seducir por su tentación y nos volvemos ambiciosos, de manera que abandonamos la Fe, dejamos de ser Guiados-conducidos por El Señor y supuestamente nos valemos por cuenta propia no advirtiendo que en realidad, hacemos todo nosotros, pero el que guía y conduce es el adversario que sugiere, él toma o adopta las decisiones, y nosotros las ejecutamos como órdenes, jactándonos, pavoneándonos de ser libres, grandes, importantes, etc.

 No vemos en el agujero que nos hemos metido, no comprendemos la gravedad de la situación, le hemos entregado al enemigo el control de nuestra vida, lo hemos admitido en casa, tenemos un ladrón adentro y es el que nos domina, somete y esclaviza, y encima, como idiota decimos que somos libres, grandes e importantes llenándonos de soberbia, orgullo y presunción.

 Es hora de volver a Dios para Que Dios Vuelva a nosotros, de lo contrario quedaremos irremediablemente postrados en las tinieblas y sometidos a la muerte eterna, gobernados, supervisados y dominados por satanás y sus siervos, adoradores y representantes.

 Como tontos no queremos escuchar de Dios la Verdad, no le damos lugar para Que Se Revele, no le permitimos que nos guíe, y es así que terminamos en garras del enemigo, de aquel que nos odia desde antes que fuésemos Creados por Dios, y que ya estaba tramando nuestra ruina y sufrimiento como venganza contra Dios porque no le dio satisfacción a sus ambiciones delirantes.

26 de junio de 2013

6.7. LA DERROTA DE HOY ES LA SEMILLA DE LA VICTORIA DE MAÑANA



6.7. LA DERROTA DE HOY ES LA SEMILLA DE LA VICTORIA DE MAÑANA

 Nos provoca, desafía, insta a que reaccionemos el adversario, por ello nos perturba, persigue, atormenta, es como cuando hizo que le dieran el lanzazo al Costado Derecho del Señor en la Santa Cruz, no se convence de que estamos muertos para el mundo.

 Su instigación, persecución, perturbación, etc., es para ver si puede sacar algo de nosotros, y para convencerse él que estamos muertos para el mundo y vivos para Dios, así como también, para hacernos sufrir.

 Nos hace lo mismo que a Dios, es decir, atormenta a quienes amamos, por quienes nos preocupamos, por quienes sufrimos, donde también sufrimos nosotros compartiendo su dolor. Esto lo hace porque no puede tocarnos y hacernos padecer directamente, y porque también esta provocándonos queriendo hallar reacción.

 La reacción que persigue es que nos opongamos  Dios o prescindamos de Él acusándolo directa o indirectamente de que nos ocupa o no ayuda, no toma en cuenta o no le interesa lo que nos duele y preocupa.

 Ver en esto que en realidad él nos ataca y cuestiona por lo mismo, y también por medio nuestro, pretende cuestionar a Dios acusándolo en nuestra boca y pecho de que no le importa a Él su dolor, sufrimiento, etc.

 Es como esos patoteros que en grupo desafían, se burlan, provocan y maltratan a otros, pero, estando solos, aislados, cada uno es lo que es en sí mismo, un cobarde.

 Nos provoca y desafía diciendo que quiere pelea, pero, si tan solo lo miamos fijamente, se desarma, retrocede y cambia de actitud, porque es un maldito cobarde que teme por sí mismo y solo es valiente si no se le ofrece resistencia, como el perro que ladra y hace escándalo insoportable mientras no se le hace frente y no se le hace callar.

 Que retroceda el adversario y cambie de actitud, no significa que se haya rendido, es soberbio, orgulloso, no renuncia ni perdona, solo cambia de estrategia, de manera que, si ve o comprueba que con ataques o asaltos frontales no logra llenarnos de miedo, quiere entra por retaguardia, el patio trasero, es decir, por engaños, adulaciones, falsas amistades, etc.

 Sin embargo, no debemos perder el tiempo prestándole atención porque en definitiva, es lo que quiere, debemos ignorarlo por completo, hacer lo que Dios hace, matarlo con la indiferencia, y demostrarle así que no vale ni la pena.

 Finge a veces darnos la razón, y es solo para acercarse, ganar confianza, luego empieza a verter su veneno, odio, resentimiento, arrastrándonos a sus caminos de oscuridad, desamor, de orgullo y amor propio, de rencor y acusaciones, etc.

 La verdad es que el adversario es solo una estructura hueca, esta totalmente vacío, vacío de Dios, pues esta lleno de sí mismo que es como decir que esta lleno de nada, porque en esencia es nada, por mas que quiera creer y hacer creer que es algo.

 Es nada, sirve para nada, puede nada, sabe nada, es un bueno para nada, de ahí que esté lleno de soberbia, que presuma, se vuelva arrogante y se jacta paseándose por el mundo, porque tiene que engañarse a sí mismos, y luego a otros para huir de la realidad como el que se evade con drogas y alcohol de una realidad que le es frustrante y lo angustia.

 Realmente el adversario es como un alcohólico melancólico, se autocompadece, se tiene lástima y se derrumba, porque se odia a él mismo, sabe que es nada y sirve para nada, y tan trivial e histéricamente preocupado por sí esta, que se desespera por lograr que no se note su abominación.

 Esta tranquilo porque sabe que, al hundir y corromper a las almas en el mundo, no lo van a ver tal cual es, va  a poder hacerles creer cualquier cosa, pero, sigue y seguirá preocupado y desesperado por mantener el control en el mundo y por imponerse siempre, cosa que cansa, aburre, harta y al final, logra que sea grosero, de manera que es notado y visto por lo que es en realidad, y no por lo que dice y finge ser.

 La derrota de hoy es la semilla de la victoria de mañana, no debemos dejarnos engañar, si pasamos por La Santa Cruz, es porque La Santa Cruz Pasa por nosotros, y es así como somos limpiados, purificaos, liberados, corregidos y salvados.

 Mientras que el adversario, como superficial, inútil y preocupado por sí que es se desespera en sus abominables caprichos por conseguir una victoria hoy, se condena a recibir una derrota mañana, porque acaba enredado en sus caprichos y confundido en sí mismo.

 Todo caprichoso, es decir, todo rebelde a Dios, acaba por perjudicarse él mismo, porque pierde a Dios y porque al querer ganar e imponerse, prevalecer siempre, no ve que pone la atención en lo trivial, inútil, innecesario donde deja lo esencial de lado y donde es y será derrotado.

 Lo esencial es que, Dios Sigue Siendo Dios y no va a poder tocarlo, modificarlo, ni impedirlo, aunque haga creer cualquier cosa a las almas sumidas en tinieblas y confusión, nunca Dios va a dejar de ser Dios, por lo que podemos contar con que Él va a Seguir Siendo Él, de manera que, pese a los caprichos humano-infernales, Dios Siempre va a Socorrernos, va a darnos una Salida-Salvación, Solo Porque Es Dios, no porque la merezcamos.

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